Día 14- La ternura de María

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
«NO TIENEN VINO»: presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»: dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente
«HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR»: que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.

De la Carta a los Gálatas (Gal 4, 4)
Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley.
Palabra del Señor / Gloria a ti, Señor Jesús.

“Dejémonos mirar. Cuando nos encontramos atrapados por los nudos más intrincados de la vida, hacemos bien en mirar a la Virgen.
Pero es más hermoso dejarnos mirar por ella. Cuando ella nos mira, no ve pecadores, sino hijos. 
Se dice que los ojos son el espejo del alma; los ojos de la llena de gracia reflejan la belleza de Dios, reflejan el cielo sobre nosotros. Jesús ha dicho que el ojo es «la lámpara del cuerpo» (Mt 6,22): los ojos de la Virgen saben iluminar toda oscuridad, vuelven a encender la esperanza en todas partes. Su mirada dirigida hacia nosotros nos dice: ‘Querido hijo, ánimo; aquí estoy yo que soy tu Madre’”.
Papa Francisco, misa con los nuevos cardenales,
Ciudad del Vaticano, el 8 de diciembre de 2024.

MEDITACIÓN “Después de recibir la gracia de ser la Madre del Verbo encarnado, no se quedó con aquel regalo; se sintió responsable, y marchó, salió de su casa y se fue rápidamente a ayudar a su pariente Isabel, que tenía necesidad de ayuda6; realizó un gesto de amor, de caridad y de servicio concreto, llevando a Jesús en su seno. Y este gesto lo hizo diligentemente.
Queridos amigos, éste es nuestro modelo. La que ha recibido el don más precioso de parte de Dios, como primer gesto de respuesta se pone en camino para servir y llevar a Jesús.
Pidamos a la Virgen que nos ayude también a nosotros a llevar la alegría de Cristo a nuestros familiares, compañeros, amigos, a todos. No tengan nunca miedo de ser generosos con Cristo. ¡Vale la pena! Salgan y vayan con valentía y generosidad, para que todos los hombres y mujeres encuentren al Señor”.

Día 14: Dejadme a María: el escapulario
El día 16 de julio de 1251 se apareció la Virgen a San Simón Stock, superior General de las Carmelitas, y prometió unas gracias y cuidados especiales para aquellos que llevaran el escapulario del Carmen.

El escapulario es una pequeña imagen de la Virgen del Carmen en tela (puede ser también una medalla) para colgarse al cuello.

Santa María quiere que llevemos una imagen suya en el pecho. Y como llevar el escapulario puesto significa que se le ama y que se quiere la compañía y protección de María, la Virgen prometió a quienes viviesen y muriesen con el escapulario que Ella se encargaría de conseguirles la ayuda para obtener la perseverancia final; es decir, una ayuda particular para que, quienes no estén en gracia, se arrepientan en los últimos momentos de su vida. Y además prometió que Ella se encargaría de que saliese del purgatorio al sábado siguiente a la muerte.

Es lógico: si no le dejamos, ella no nos dejará.
Cuentan que cuando fue elegido Papa León XI, mientras le revestían con los hábitos papales, le quisieron quitar el escapulario que llevaba entre la ropa. El Papa dijo a los que le ayudaban: «Dejadme a María, para que María no me deje»

Madre mía, llevaré siempre el escapulario. No te dejaré, y Tú no me dejes en ningún momento.
Continúa ahora hablándole un rato.

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

A tu corazón de Madre encomendamos a todos los profesores y maestros de nuestras escuelas, para que mediante la docencia transmitan la verdad y testimonien la caridad. Acompáñalos en su trabajo y acoge las necesidades de sus familias.

Señor, que nunca dejemos de sabernos niños ante una madre que nos quiere, nos acoge y espera que recurramos a ella en todo momento.
Con María, roguemos al Señor / Escúchanos, Señor, te rogamos.

“Tú, llena de la presencia de Cristo, llevaste la alegría a Juan el Bautista,… Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros”.
Pureza: Cuidar la limpieza de corazón en pensamientos y miradas