Día 31- La Sangre de Gloria




Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.



A aquellos que en la tierra depositen toda su confianza en Cristo, en su preciosa sangre, se les abrirán las puertas del cielo y tendrán un gozo sin fin…Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (Apoc. 7, 14).
El propósito por el cual Jesús derramó su sangre no fue solo para la gloria de Dios y restauración del orden perturbado por el pecado, sino también para restablecer la herencia del hombre al Paraíso.
Estamos seguros -dice Santo Tomás- de entrar en el Sancta Sanctorum celestial por la sangre de Jesús”. Por eso los santos dicen que la sangre de Cristo es la llave del cielo y que nadie puede entrar en Él si no se purifica en Él. Y si en la tierra esa sangre constituye la única razón de nuestra esperanza, en el cielo será la causa de nuestro triunfo y el objeto de nuestra alegría.
La sangre de Cristo es un nuevo rayo de luz que centellea y abre un nuevo camino a la contemplación de los espíritus celestiales, porque, por Él, han tenido la oportunidad de admirar y exaltar la misericordia de Dios” (San Juan Crisóstomo).

¡Qué resplandeciente será el triunfo de la preciosa sangre! ¡Con qué luz deslumbrante brillarán las llagas de Cristo! ¡Qué gozo tan inmenso sentirán los santos al fijar su mirada en esa sangre gloriosa! Por la misma sangre por la que sufrieron recibirán ahora la corona para toda la eternidad. Tú también estás destinado al cielo. Embriágate en la tierra con la fuente de esa sangre para gozar de sus beneficios en la eternidad. A ti también, como un día a Santa Catalina, Jesús mostrándote una túnica bañada en su sangre, te dice: Hijo mío, aquí tienes la túnica que debes ponerte si quieres entrar en el reino de los cielos.

EJEMPLO
El apóstol San Juan, mientras los demás huían, siguió al maestro hasta el calvario y tuvo la gracia de ser bañado en la sangre divina mientras estaba al pie de la cruz. En los últimos años de su vida fue desterrado por los perseguidores del cristianismo a la isla de Patmos, donde tuvo esas maravillosas visiones que narra en el Apocalipsis. Embebido en el éxtasis, vio al Cordero inmaculado, cubierto de sangre, sentado con toda majestad en un trono, rodeado de veinticuatro ancianos, quienes le ofrecieron perfumes en copas de oro. De sus bocas salió un cántico nuevo diciendo: “Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra” (Apoc 5, 9-10).
Las voces de miles y miles de ángeles corean este himno diciendo con fuerte voz: Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza (Apocalipsis 5, 12).
Después, una serie interminable de espíritus benditos, vestidos con estolas blancas y agitando las palmas de las manos, se postraron en adoración ante el trono del Cordero y uno de los ancianos preguntó: ¿Quiénes son estos? Y Él mismo respondió: Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero (Apocalipsis 7, 14)
¿No sentimos el deseo en nuestras almas, quemadas por la sed, de participar en ese cántico de gloria? ¡Sí, eleva tu mirada! ¡Al Paraíso, al Paraíso, porque allí, con Jesús, nos esperan la Virgen y los Santos!



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo

Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota
b> ¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.


INTENCIÓN: Nuestra devoción a la preciosa sangre no debe cesar a finales de julio. Mantengámosla siempre viva en nuestros corazones. La sangre de Cristo nos librará de todo peligro y será nuestro gozo eterno.
JACULATORIA: Santa María, santos ángeles y todos los santos del cielo, dadme vuestra voz, para que pueda alabar y exaltar la preciosísima sangre de Jesús por los siglos de los siglos. Amén.

Día 30- La Sangre de Jesús y el Purgatorio





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.



Si en el infierno los condenados desesperan porque la sangre de Cristo es su eterna condenación, en el purgatorio el sufrimiento es temporal, porque esta sangre constituye el objeto principal de su esperanza. Para nosotros, la vida es una oportunidad para purgar nuestros pecados ofreciendo nuestros sufrimientos en la cruz de Cristo.
La existencia del purgatorio es una verdad de fe. Las almas que no han sido condenadas, pero conservan algún pecado venial que les impide gozar de la visión beatífica, se encuentran en el estado deseado por el amor purificador de Dios, que comúnmente llamamos purgatorio. También es de fe que debemos aliviar esos dolores aplicando los méritos de la sangre de Jesús a dichas almas. Jesús, después de su muerte, descendió a los infiernos y se apareció a las almas de los justos que aguardaban su venida, para llevarlos a su gloria.
¡Tú, oh, Señor con tu sangre liberaste a los prisioneros de ese pozo profundo donde no hay agua!
Por lo tanto, los medios para librar a las almas del purgatorio son: la oración de intercesión, el ofrecimiento de nuestros propios sufrimientos y la aplicación de los méritos de la sangre de Cristo. Debemos tener en cuenta que, de todos ellos, el más excelso es la santa misa, pues en ella se renueva, de forma incruenta, el sacrificio de Cristo en el altar.
Por lo tanto, así como los méritos de la sangre de Cristo fueron infinitos en la cruz, así lo son también sobre el altar.
¿Qué podríamos ofrecer más precioso a Dios en beneficio de esas almas? ¿Y cuándo es más eficaz nuestra oración sino cuando recibimos el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de nuestro señor Jesucristo? ¿Podrá acaso negarnos su misericordia por aquellas almas tan queridas de su corazón?
Ayudemos a las almas del purgatorio. Recordemos que es nuestro deber hacerlo. Son las almas de nuestros parientes, de las personas que nos querían y nos hicieron bien en la vida. Un día, también nosotros iremos al purgatorio.
¡Cómo nos gustaría que todos nos ayudaran entonces! Pero ¿cómo esperarlo si ahora somos indiferentes a los que nos precedieron en ese lugar de expiación?

EJEMPLO
En 1890 murió la venerable María Rosa Carafa della Spina. De familia muy noble y napolitana. Se distinguió en su vida por una especial devoción a la preciosa sangre y a las almas del purgatorio. En una ocasión, coincidiendo con el día de los difuntos, Jesús le mostró el purgatorio. Un mar de llamas apareció en su mirada y quedó aterrorizada.
Jesús le dijo: -Hija mía, tienes un gran medio en tus manos para apagar esas llamas. Toma la sangre de mi Corazón y derrámala sobre ellas.
Así lo hizo y pudo ver a las benditas almas ascender al cielo como estrellas brillantes. Entonces la venerable oró a Jesús de esta manera: -¡Señor, quiero liberar a todas estas almas!
y Jesús le respondió: -¡Ay, si los hombres pensaran en el tesoro que tienen en sus manos y en cómo pueden liberar a miles de almas que aquí sufren!

¿Seremos también insensibles a la invocación de las almas del purgatorio? Meditemos en que estas almas, una vez libres de aquel lugar, estarán muy agradecidas a aquellas personas que, ofreciendo oraciones y sacrificios, contribuyeron a su liberación. Si en verdad queremos protección y socorro en la hora de nuestra la muerte, ofrezcamos la sangre de Jesús por ellas.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.

INTENCIÓN: Si puedes, ofrece una misa por las almas más necesitadas del purgatorio.
JACULATORIA: Jesús redentor mío, recuerda que cada alma ha costado el precio inestimable de tu preciosa sangre. Te pido por todas las almas del purgatorio. (San Gaspar)

Día 29- La sangre que condena





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.



Desafortunadamente, la sangre de Jesús no es de salvación para todos, para muchos es de condenación. El anciano Simeón le dijo a María: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción” ¿Depende de Dios si la misma sangre que fue derramada para remisión de nuestros pecados acaba siendo ruina para tantas almas? No. Depende de nuestra voluntad. Dice San Agustín: “Para quien lo quiera será de salvación, para quien no lo quiera será de condenación”. Judas arrojó los treinta denarios diciendo: “Pequé entregando sangre inocente” (Mt 27, 4) y se ahorcó. Por otro lado, Pedro negó al Maestro, lloró amargamente y fue perdonado.

A diario se eleva una voz al cielo que clama: ¡Venga oh, Señor la sangre de tus justos que ha sido derramada! Si la voz de la sangre de los mártires es tan poderosa, ¿cómo será la voz de la sangre de Cristo? ¡Cuán terrible será esa voz en el día del juicio! ¡Los clavos y las llagas de Cristo serán mostradas a aquellos que despreciaron esa preciosa sangre clamando justicia! Dice el profeta Ezequiel: “Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida” (Ezequiel 3, 19) Es cierto que Jesús es misericordioso, pero si no condenara a los que pisotean su sangre, despreciándola, sería injusto. Si millones de almas han sufrido por esa sangre, debe ser su gloria; si, por el contrario, tantos pecadores lo han profanado y no se han arrepentido de ello, debe ser su condenación. "Como la misericordia, dice el Espíritu Santo, así la ira divina desciende rápidamente sobre nuestra cabeza" (Cfr. Eclesiástico 5, 7) . ¿Y para nosotros? ¿Será la sangre de Jesús de salvación o de condenación?

¡Oh, Jesús haz de tus llagas nuestro refugio en la vida y en la muerte, y de tu sangre nuestra salvación, porque confiamos en ti y te amamos!

EJEMPLO
Innumerables y terribles son los ejemplos en los que podemos ver cómo Dios castiga, incluso en esta vida, a quienes ultrajan la preciosísima sangre de su Hijo.

En Málaga durante la guerra civil, unos jóvenes entraron en una iglesia donde se veneraba una imagen prodigiosa del crucifijo y, apoderándose de ella, comenzaron a maldecirla arrastrándola por las calles, la pisotearon y la hicieron pedazos. De repente, uno de los jóvenes con expresión furiosa, dijo: - ¡Desechemos a este Cristo! Parece mirarme de cierta manera…. Los demás se rieron de su recelo. Tras el acto sacrílego fueron a una taberna, se emborracharon y cantando canciones obscenas se dispusieron a volver a sus casas.

Por el camino, el que había sentido turbación por el rostro de Cristo, exclamó: - ¡Qué noche tan oscura, muchachos! - Se ve que estás borracho -respondieron los compañeros- el tiempo es hermoso, las estrellas brillan en el cielo y la luna ilumina esta noche espléndida. El joven, al llegar a casa, se fue a la cama muy alterado y tuvo sueños extraños. Por la mañana su madre fue a despertarlo, diciéndole mientras abría la ventana de par en par: - Es tarde, levántate y disfruta de este maravilloso día soleado. El joven se frotó los ojos llorando desesperado y diciendo: - Madre, no veo. Ayer profané el rostro ensangrentado del crucificado y Dios me castigó. ¡Me he quedado ciego! ¿Pudo haber sido una coincidencia? ¡Quién sabe!



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.


INTENCIÓN:
Pensemos en las penas del infierno y no ofendamos más a Dios.
JACULATORIA: ¡Oh, Jesús por los méritos de tu preciosa sangre no dejes que me pierda para siempre!

Día 28- Los perseguidores de la Sangre





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




“La pasión de Cristo no terminó en el Gólgota, hoy, todavía Jesús sigue crucificado derramando su sangre. La lucha contra la Iglesia y los cristianos es contra Cristo, porque los perseguidos son miembros del Cuerpo de Cristo. De este modo Cristo sigue sangrando, no sólo por la sangre de los mártires, sino por todas las torturas infligidas a sus fieles, por las humillaciones de sus ministros, por los insultos a su Vicario, por las iglesias quemadas y profanadas, por la caridad rota, por la calumnia... Gobiernos, escritores, oradores, filósofos… toda una coalición diversa de perseguidores que matan o entorpecen la obra del amor, la doctrina y la expansión de la Iglesia, prolongando así, la Pasión de Cristo, haciendo brotar más sangre de sus heridas” (L. Giordani. La sangre de Cristo).
¡Cuántas veces, incluso en nuestros días, el santo sacrificio debe celebrarse en secreto porque los sacerdotes están en la cárcel o son perseguidos! Hay un estribillo que dice así: ¡Cristo sí, sacerdotes no! Esta afirmación no es posible porque son los sacerdotes los que traen a Cristo a la tierra renovando el sacrificio agradable al Padre. La realidad que se deriva de esas palabras es una persecución contra el primer Sacerdote, Cristo. Dice Santa Catalina de Siena: “Si estás en contra de la Iglesia, ¿cómo vas a poder participar de la sangre del Hijo de Dios? ¡Quien desprecia a este dulce Vicario de Cristo, desprecia la sangre del Cordero!”.

Quizá pienses que tú no eres un perseguidor de la sangre de Cristo, pero conviene tener en cuenta que no sólo los que encarcelan, matan o persiguen son enemigos; también lo son aquellos que calumnian, odian, escandalizan a los demás con sus malos ejemplos o son indiferentes a la doctrina Existen los llamados parásitos de la sangre, es decir, los que se benefician de los frutos de la redención, pero no hacen nada por Cristo. ¡Cuántos piensan que están haciendo una gran concesión al sacerdote asistiendo a la iglesia el domingo! ¡Y por eso quieren ser venerados, elogiados y ayudados! ¡No! Debemos ser cristianos generosos, debemos profesar la fe por la fe y no por motivos ocultos. Debemos emplear todas nuestras energías por cooperar en la solidez de la Iglesia, nuestra madre.

EJEMPLO
El padre Rey relata un episodio acaecido durante el mes de la preciosa sangre que tuvo lugar en la ciudad de Petersburgo, durante la persecución bolchevique. Los revolucionarios, no teniendo un lugar para reunirse, habían decidido ocupar una iglesia al amanecer de aquel día. Algunos niños, al enterarse de que el templo sería profanado, entraron la noche antes para velar y, al día siguiente, cuando los soldados rompieron las puertas para acceder, se encontraron a todos los infantes arrodillados ante el altar. Invitados a salir, los niños se opusieron fuertemente. Entonces, los revolucionarios les apuntaron con sus armas, pero los pequeños no se movieron. Irritados por tanta firmeza dispararon matando a dos e hiriendo a los demás. Un niño herido y agonizante cuando fue llevado a su casa le dijo a su madre: - Nosotros defendimos a Jesús y los revolucionarios no se atrevieron a poner las manos en el Sagrario. No tengamos miedo a las persecuciones. Vanas son las esperanzas de los verdugos. La Iglesia nunca será destruida y la sangre de los mártires será la semilla fecunda de nuevos cristianos.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.


INTENCIÓN: Profesemos abiertamente nuestra fe y si no tenemos el privilegio de derramar nuestra sangre por Cristo, ofrezcamos el martirio de nuestro deseo.
JACULATORIA: ¡Jesús, corona de mártires, por los méritos de tu preciosa sangre, fortalece a los héroes de la fe!.

Día 27- La oferta de reparación de sangre





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




Jesús quiere almas reparadoras que se ofrezcan por su preciosa sangre tan indignamente profanada y blasfemada. Pareciese escucharse el lamento del divino maestro diciendo: “¿En vano he derramado mi sangre?” Así como en Getsemaní no hubo nadie que velara con Jesús, hoy también contemplamos los Tabernáculos abandonados.

Jesús le dijo a un alma piadosa: “Busco consoladores y no los encuentro. No soy amado. Las oleadas de crímenes humanos se elevan hasta el Padre, mi Vicario en la tierra es calumniado, el placer y el orgullo triunfan, la ley de la caridad es violada escandalosamente, algunos son generosos en palabras, pero cuando se les presenta la cruz, huyen. Quiero almas reparadoras dispuestas a sufrir con valentía, llenas de caridad por los pecadores, almas que ofrezcan mi sangre al Padre sin desfallecer jamás en expiación de los pecados. El mundo puede salvarse con mi sangre. Encuéntrame una legión de almas restauradoras, diles a mis sacerdotes que celebrando el santo sacrificio me ofrecen como víctima de reparación a mi Padre celestial y que, cuando la liturgia lo permita, celebren la misa votiva de la preciosísima sangre”.

Esta llamada de Jesús está dirigida también a nosotros, ¿cómo permanecer indiferentes? Unámonos a esa multitud de almas que se ofrecen a sí mismas con sus dolores, en unión con la preciosa sangre de Jesús, para que su reino triunfe en el mundo. ¡Que nuestra alma sea también un alma reparadora!

EJEMPLO
En una ocasión Santa Teresita de Lisieux, después de haber escuchado la santa misa, se encontraba haciendo sus oraciones cuando vio el brazo de Jesús crucificado sobresalir en una imagen. En ese instante, el pensamiento de la pasión la tomó tan vívidamente que esa mano, el clavo y la sangre le parecieron cosas vivas y reales. Se enardeció aún más por el sufrimiento del Señor y se dispuso a dar a conocer todo el amor y el dolor que Jesús sintió en la cruz. En esos momentos se le vino a la cabeza un tal Pranzini, que estaba a punto de ser ejecutado y no mostraba signos de arrepentimiento pues había rechazado la asistencia de un sacerdote. Estando el réprobo con la cabeza bajo el cuchillo, Santa Teresita sintió la necesidad de orar por él. Así lo hizo y rogó al Señor con muchísima intensidad. De repente, el condenado pidió confesarse y el sacerdote pudo darle la absolución que la recibió con abundantes lágrimas de arrepentimiento. El Señor, a través de la oración de Santa Teresita, abrió las puertas del cielo a ese pobre pecador que había sido restaurado en su sangre. Cuando sintamos sequedad en nuestros corazones y nos demos cuenta de que el arrepentimiento por nuestros pecados tarda en llegar, pensamos en la sangre de Jesús que tiene el poder de ablandar incluso los corazones más duros.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.


INTENCIÓN: A menudo haré la ofrenda de la sangre de Jesús al Padre eterno en reparación por mis pecados y los del mundo entero.
JACULATORIA: Corazón de Jesús, consolado en tu agonía por un ángel, consuélame en mi agonía.

Día 26- Sangre de Cristo, esperanza de los que hacen penitencia





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




La pasión de nuestro Señor Jesucristo y, particularmente su sangre preciosísima, declaran la gravedad del pecado y la necesidad que todos tenemos de hacer penitencia si queremos alcanzar el perdón de nuestros pecados y la salvación de nuestra alma.

La penitencia cristiana no se entiende simplemente como un ejercicio de autodominio o como desprecio del cuerpo, sino como la respuesta del corazón contrito y humillado que movido por la gracia quiere corresponder al amor misericordioso de Dios que perdona sus pecados. Esta penitencia conlleva un dolor de los pecados y un rechazo firme de ellos, así como el firme propósito de no volver a pecar ayudado y confiando en la gracia de Dios.

La confianza de los penitentes está puesta en la sangre de Cristo. “Por buscarme, te sentaste agotado; por redimirme, sufriste en la cruz, ¡que tanto esfuerzo no sea en vano!” –canta la Iglesia en la secuencia Dies Irae.

La impenitencia es la dureza del corazón y la resistencia a la gracia de la conversión. Es uno de los pecados contra el Espíritu Santo. Su fin es la condenación.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.


PROPÓSITO:
Agradecer al Señor la institución del Sacramento de la Penitencia y no dejar pasar este día sin ofrecer pequeños sacrificios en reparación por nuestros pecados.
JACULATORIA: Sangre de Cristo, esperanza de los que hacen penitencia, sálvanos.

Día 25- Demos nuestra sangre a Cristo





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




“No os extrañéis del fuego que ha prendido en medio de vosotros para probaros, como si os sucediera algo extraño, sino alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria” (1 Pedro 4, 12-13).
San Pablo nos enseña que nuestros sufrimientos son la culminación de lo que falta a la pasión de Cristo. Es precisamente en el dolor donde se reconoce al verdadero cristiano. El hombre tibio o incrédulo se desespera, maldice y jura ante el dolor; sin embargo, el cristiano se alegra de poder sufrir por aquel que tanto padeció por nosotros y se goza al poder ofrecérselo a Dios en beneficio del cuerpo místico al que pertenece todo cristiano. Por lo tanto, los discípulos del Señor, cuando fueron perseguidos se gozaron, porque habían sido dignos de insultos por el nombre de Cristo. ¡Entreguemos, como ellos, también nuestra sangre a Cristo! ¿Deberíamos ir en busca de verdugos? No, no es necesario. Pero cuando Dios quiera visitarnos con sufrimientos le ofreceremos nuestra sangre. La Iglesia siempre ha reconocido a los que sufren porque sabe que tienen una gran riqueza que ofrecer a Cristo para beneficio de todos. Millones de almas están sufriendo con Cristo, un ejército de mártires voluntarios, en quienes la Iglesia cuenta como el pilar más firme de su fuerza. Los hospitales, los orfanatos, todas las casas y camas donde se sufre por amor a Dios y a la Iglesia, constituyen el mayor tesoro de la Iglesia; allí descansa la mirada de Dios y cede su indignación por los crímenes de la humanidad.

EJEMPLO
En las primeras décadas del siglo XX México fue oprimido por un régimen de terror y despotismo. La Iglesia fue ferozmente perseguida. Cientos fueron los episodios de heroísmo de los católicos, independientemente de la edad, el sexo o la condición social: niños, mujeres, hombres, sacerdotes… llenaron las cárceles y dieron con valentía su sangre por la fe cristiana.
En el pueblo de Falisco, Fiorentino Álvarez, un joven de 18 años, fue detenido y obligado a gritar públicamente: - ¡Abajo Jesucristo! Lejos de eso, Fiorentino, respondió con firmeza: -¡Soy católico, no puedo y no quiero! -Lo que eres es un revolucionario, enemigo del Estado y te fusilarán. -No-respondió el joven- sólo soy católico y amo a mi país.
Tras esta confesión, fue atado detrás de un camión y arrastrado por las calles hasta llegar frente a su casa. La madre, torturada al ver a su hijo ensangrentado, lo apretó contra su pecho y le dijo: -Hijo mío, sabes cuánto te amo y cuánto sufro al verte en este estado, pero te digo que seas fuerte y no niegues a Cristo porque la fe es más preciosa que la vida.
Los soldados, enfurecidos, comenzaron a golpear a la madre y al hijo, que con cada golpe gritaban más fuerte: -¡Viva Cristo Rey! El joven murió en los brazos de su madre. Por esta entrega generosa su nombre fue inscrito con letras de oro en el Martirologio de la Iglesia Mexicana, y en el cielo, Dios lo recibió en la hueste resplandeciente de sus mártires.
¡Qué ejemplo para tantos jóvenes de hoy que no sólo se avergüenzan de ser cristianos, sino que incluso luchan contra la Iglesia, esposa de la sangre de Cristo!



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.


INTENCIÓN: En tus sufrimientos agradece y bendice al Señor, que te hace digno de sufrir algo por Él.
JACULATORIA: ¡Oh, Jesús acepta todos mis dolores! Te los ofrezco en unión con tu preciosa sangre.

Día 24- La sangre de Cristo y el sufrimiento




Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.



Jesús no entregó su sangre sólo para redimirnos. Él quiso entregarse hasta el extremo, soportando un mar de dolores para darnos ejemplo, consolarnos en nuestros padecimientos y ser modelo de entrega. El dolor es un triste legado del pecado y nadie queda inmune a él. Jesús, precisamente porque estaba cubierto de nuestros pecados, sufrió. En el camino de Emaús les dijo a los dos discípulos
“¿No era necesario que el Cristo padeciera y entrara así en su gloria?” (Lc 24, 26). Por lo tanto, quiso experimentar todos los sufrimientos y miserias de la vida: ¡Pobreza, trabajo, hambre, frío, desprendimiento de los más santos afectos, ingratitud, traición, persecución, martirio y muerte para darles sentido a nuestros padecimientos! Dios permite todos los sufrimientos que nos vienen para que nos ayuden a purgar nuestros propios pecados y poder así alcanzar la salvación de nuestras almas. Es un rasgo de la misericordia divina. ¡Cuántos han sido llamados a volver al camino de la salvación por el camino del dolor! ¡Cuántos ya, lejos de Dios, golpeados por la desgracia, han sentido la necesidad de rezar, de volver a la iglesia, de arrodillarse al pie del crucifijo para encontrar fuerza y esperanza en Él! Y, aunque suframos injustamente, demos gracias al Señor porque las cruces que Dios nos envía “son la corona de gloria que no se marchita” (1 Pedro 5; 4). Religióny creencias

EJEMPLO
En un hospital de París un hombre, golpeado por una enfermedad repugnante, tuvo que sufrir de manera atroz. Todos lo abandonaron a su suerte, incluso sus familiares y amigos más cercanos. Sólo una hermana de la Caridad permaneció junto a su cama. En un momento de desesperación, el enfermo gritó: -¡Un revólver! ¡Ese será el único remedio eficaz contra mi enfermedad! Pero, la religiosa, con sumo cuidado, le entregó un crucifijo y le murmuró suavemente: -¡No, hermano, este es el único remedio para tus sufrimientos y el de todos los enfermos! El hombre, mirándolo con ternura, lo besó y de sus ojos comenzaron a brotar abundantes lágrimas.
¿Qué significado tendría el dolor sin fe? ¿Por qué sufrir? El que tiene fe encuentra en el dolor la fuerza y la resignación. El que tiene fe descubre en el dolor una fuente de mérito poderosa, se topa de frente con Cristo sufriente que padeció por y con nosotros.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada..


INTENCIÓN: Aceptaré de las manos del Señor toda tribulación. Consolaré a los que sufren y visitaré a algunos enfermos.
JACULATORIA: Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesucristo para la consagración del trabajo y el dolor, por los pobres, los enfermos y los afligidos

Día 23- La sangre de la paz





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




La paz es la aspiración más ardiente de los pueblos, por eso Jesús, al venir al mundo la trajo a los hombres de buena voluntad. Él mismo se llamó príncipe de la paz, rey pacífico y manso que con su sangre reconcilió a los hombres con Dios. Tras la resurrección se apareció a sus discípulos y los saludó así: “La paz sea con vosotros” (Jn 20, 19). Pero, para mostrar a qué precio había obtenido esa paz que sólo Él puede darnos, les mostró sus heridas. Jesús obtuvo para nosotros la paz con su sangre: ¡La paz de Cristo en la sangre de Cristo! Por tanto, no puede haber verdadera paz sin Cristo. Tenemos dos opciones, o dejamos fluir su sangre de forma pacífica o acaba derramándose la de los hombres en luchas fratricidas. La historia de la humanidad es una sucesión de guerras sangrientas. En vano Dios, en esos momentos bélicos, movido de piedad, envía a los grandes apóstoles de la paz y la caridad para recordar a los hombres que, muerto Cristo, basta su sangre derramada en el altar para alcanzar lo verdaderamente importante. No fueron escuchados, sino perseguidos y, muy a menudo, asesinados. Dios condena de manera terrible a aquellos que derraman la sangre de su prójimo: “Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre” (Gn 9, 6). Congreguémonos alrededor de la cruz, estandarte de paz, invoquemos la venida del reinado de Cristo en todos los corazones y se levantará una era eterna de paz y bienestar.

EJEMPLO
En 1921 en Pisa, por razones políticas, ocurrió un grave acto de sangre. Un joven fue asesinado y la multitud, movida a compasión, acompañó el ataúd hasta el cementerio. Detrás del féretro iban los padres consternados, llorando la pérdida. El locutor oficial concluyó así su discurso: - ¡Frente al crucifijo juramos vengarlo! Ante estas palabras, el padre de la víctima tomó la palabra y, con voz quebrada por el llanto, exclamó: - ¡No! mi hijo es la última víctima del odio. ¡Paz! Frente al crucifijo juraremos hacer las paces entre nosotros y amarnos.

¡Sí, paz! ¡Cuántos crímenes por salvar el honor! ¡Cuántos homicidios por robos, viles intereses y venganzas! ¡Cuántos atentados en nombre de una idea política! La vida humana es sagrada y sólo a Dios le corresponde llamarnos a la hora que Él tenga designada. Que nadie se engañe a sí mismo pensando estar en paz con su conciencia cuando, siendo culpable, logra una absolución en los tribunales humanos, pues Dios es el verdadero juez que todo lo conoce y es a Él a quien, un día, deberemos rendir cuentas.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada..


INTENCIÓN: Trabajaré para facilitar la paz en las almas, evitando fomentar la discordia y el rencor.
JACULATORIA: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, danos la paz.

Día 22- La Sangre de Cristo y la sociedad


Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




La sociedad humana, si realmente quiere el bienestar de sus miembros, no puede prescindir de la sangre de Cristo pues es la primera y verdadera fuente de donde ha de beber.
Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad” (Efesios 2, 13-16)
La sangre de Cristo elimina las diferencias entre los hombres, rompe las barreras y compone un organismo armonioso, humano y divino. Cuando comprendamos en verdad que, por la gracia, todos hemos sido llamados a esta redención por la sangre de Jesús, el odio entre nosotros cesará, dando lugar al verdadero amor fraterno que triunfará sobre todo egoísmo humano. Tras el inicio de la segunda guerra mundial, Pío XII recordó que el Salvador había derramado su sangre para reconciliar a todos los hombres con Dios y unirlos, aunque fueran de diferentes naciones y razas. Pero los hombres no lo escucharon y todos sus esfuerzos por evitar aquella catástrofe fueron en vano. Todos pertenecemos a esta gran sociedad humana y debemos cooperar para un progreso justo y digno en connivencia con la ley divina. Tenemos el deber de amar la patria y poner a disposición de la sociedad todos aquellos dones con los que hemos sido bendecidos.

EJEMPLO
A finales del siglo XVIII la revolución francesa hizo estragos con la quema de iglesias y con la ejecución de gran número de sacerdotes. Como ejemplo citaremos el de una iglesia de París; una de las más numerosas que, en plena revolución, fue sorprendida por un malhechor, el cual, entrando en su interior, cogió el crucifijo del altar y, seguido por una multitud, fue a arrojarlo al Sena al grito de: - ¡Cristo se ha ahogado y no volverá jamás!

Este gesto nos recuerda que cuando se expulsa a Dios de la sociedad, el hombre se ciega por sus pasiones, intereses personales y envidias, dejando paso al odio entre iguales y entre clases. Así se vivió en Francia durante la revolución, que invadida por el terror y la ferocidad, vio cómo en todas sus ciudades se izó la guillotina que no dejó de funcionar día y noche. En apenas tres meses, más de cien mil cabezas fueron cortadas sólo en la capital. Fue la sangre de aquellos hombres que, derramándose en las calles y plazas, tiñó de rojo el paisaje, mientras que la sangre de Cristo dejó de enrojecer aquellos altares que fueron destruidos.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada..

INTENCIÓN: Oremos por una nueva sociedad fundada en el amor a Cristo y a los hermanos.
JACULATORIA: Padre eterno, te ofrezco la preciosa sangre de Jesucristo, para la gloria de tu santo nombre y para la paz de todos los pueblos.

Día 21- Los serafines y los héroes de la Sangre


Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




La sangre de Cristo ha arrastrado con su estela un grupo luminoso de almas heroicas: las de los santos. Sus vidas tenían el único propósito de imitar a Cristo crucificado y sangrante. Todos los santos sin excepción, tanto los que veneramos en los altares como los que permanecen ocultos, son los verdaderos serafines e insignias de la preciosa sangre. Algunos viviendo en cuevas, otros en desiertos, en los picos de las montañas, en las celdas de los claustros, en los hospitales, en tierra de misión, en las grandes ciudades, en sus casas… pero todos con el mismo fin: amar sólo a Cristo, vivir crucificados con Él y entregar su vida como lo hizo Él.
La vida de cada santo está impregnada de sangre. ¡Los mártires no son solamente aquellos que dieron su sangre por Cristo! Hay varias formas de entregar la sangre: a través de la mortificación voluntaria, de la caridad, del apostolado, del trabajo... La máxima de todos los santos es común: ¡sufrir, morir y ser sepultados en Cristo! Con estas insignias han alcanzado el más alto grado de perfección, pero a costa de un sufrimiento inaudito. ¡Qué gran ejemplo para nosotros! No debemos caer en el error de pensar que los santos fueron afortunados o privilegiados. Dios quiere que todos seamos santos y a todos nos da la gracia suficiente para serlo. ¡También nosotros debemos de poner la mirada en el santísimo, en Jesús sacramentado! Su sangre es la sangre vital de la santidad. Amémosle con ardor y también nosotros seremos santos. Biología

EJEMPLO
La sangre de Jesús siempre encendió el alma de San Gaspar del Búfalo. Su predicación admirable, su capacidad para aceptar el sufrimiento y el desprecio por sí mismo, fueron el fruto de esa llama. Siempre tenía la sangre de Jesús en los labios como la tenía en el corazón, y al hablar parecía un serafín, porque su rostro se iluminaba con cada palabra que pronunciaba. En una ocasión sus misioneros, ansiosos por escucharlo hablar sobre la sangre de Cristo le dijeron, a sabiendas, que dicho tema era un tanto árido y complejo. Él, tomando la palabra, comenzó a instruirles durante horas sin cansarse ni repetirse. Sus oyentes quedaron cautivados con su plática.

Para difundir la devoción a la preciosa sangre sufrió increíbles persecuciones y, en ocasiones, incluso por parte de personas que deberían haberlo comprendido y defendido
. Pero nada de eso le hizo desistir. Dondequiera que iba, erigía la Pía Unión de la Preciosa Sangre, inculcando la práctica del mes a la preciosa sangre e introduciendo la recitación diaria de la coronilla en honor a la preciosa sangre. Hizo imprimir panfletos y folletos con oraciones que luego distribuyó gratuitamente a los fieles e hizo por acercarse a aquellos sacerdotes que iban a tierras de misión para exhortarles a difundir el culto de la preciosa sangre. En las misiones, cuando las almas obcecadas en el pecado desistían hacer penitencia para alcanzar el perdón, hacía traer la imagen de Cristo crucificado y con gran solemnidad les hablaba sobre la sangre de Jesús mientras se disciplinaba a sí mismo. Muchas fueron las conversiones obtenidas de esa manera. En el momento de su muerte, San Vicente Pallotti, que lo asistió, vio su alma ascender al cielo en forma de estrella brillante y a Jesús que le fue a su encuentro. Religióny creencias

Pidamos para que el ejemplo de San Gaspar nos encienda de amor por la sangre de Jesús y nos dé la esperanza de poder, algún día, cantar sus alabanzas en compañía suya.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada..

INTENCIÓN: ¡Quiero ser santo! Repitámoslo no solo de palabra, sino imitando a los santos e invocando su ayuda.
JACULATORIA: Preciosa sangre de Jesús ablanda mi corazón y enciende en él un fuerte deseo de perfección.