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Día 31- Al fin mi Inmaculado Corazón triunfará

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

***

Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



“Al final mi Inmaculado Corazón triunfará” –son las palabras finales de la Virgen al revelar a los niños el tercer secreto, después de anunciarles guerras y persecuciones a la Iglesia.

Son unas palabras que nos motivan a la esperanza pero por otro lado nos desconciertan; pues al ver nuestro mundo y la cultura de muerte, de pecado, de alejamiento de Dios parece que el triunfo es de Satanás.

Hemos de entender estas palabras “Al final mi Inmaculado Corazón triunfará” a la luz de la historia de la salvación y a luz del misterio del Hijo de Dios hecho hombre. Él, con su muerte y resurrección ha vencido. Es el Rey Victorioso, triunfante sobre la muerte y sobre el pecado. El triunfo es ya de Dios.

Pero, en el desarrollo de la historia de la humanidad hasta que Cristo vuelva como juez y rey del universo, se desarrolla una lucha, un combate… no sólo con las fuerzas de este mundo, sino contra las milicias del maligno. Cristo, cabeza de la Iglesia, ha vencido; pero nosotros, su cuerpo, estamos todavía en lucha.

Lucha que comenzó en el paraíso tras el pecado de nuestros primeros padres: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya. Ella te aplastará la cabeza.” Gésesis 3, 5

El Inmaculado Corazón de María es ya la victoria y el triunfo de Dios porque la hizo inmaculada y sin pecado. Ella es triunfo de Dios sobre el pecado, porque con su amor de madre acompaña a la Iglesia peregrina, y protege sus pasos hacia la patria celestial.

“Mi Inmaculado Corazón triunfará”, porque Dios tiene la última palabra. El triunfo de la Virgen será como ese grano de mostaza del Evangelio, que siendo muy pequeño va creciendo y convirtiéndose en un gran árbol. Triunfo en cada uno de nosotros, porque la verdadera devoción nos lleva a la conversión y a la santidad. Y siendo nosotros santos, ese triunfo llegará a nuestra familia y a nuestros ambientes, a la Iglesia, y finalmente al mundo entero.

Este reinado de María es la preparación y la antesala del Reino de Cristo. El tiempo de este reinado ha comenzado, y nosotros hemos de pedirlo sobre nosotros. Adveniat regnum tuum.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 30- La gran promesa del Inmaculado Corazón

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



La Virgen pide que se reparare su corazón, prometiendo, a quienes realicen los 5 primeros sábados de mes, “asistirles en la hora de la muerte con todas las Gracias necesarias para la salvación de sus almas.”

Si alguien se acercase a nosotros y nos preguntase como aquel joven del evangelio: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Podríamos responderle con toda certeza: haz los 5 primeros sábados de mes, porque la Virgen nos ha dado su palabra de que nos dará las gracias necesarias para salvarnos.

Consideremos que gracias necesitaremos en el momento de la muerte. En primer lugar, para tener una buena muerte hemos de morir con una fe viva. Es por la fe en Jesucristo por la que obtendremos la salvación. Sin ella nadie puede salvarse.

En segundo lugar, necesitamos el arrepentimiento del pecado y el deseo de unión con Dios. No hay mejor forma de morir que recibiendo los sacramentos: confesión de nuestros pecados, unción de los enfermos y santa comunión.

En tercer lugar, la buena muerte es fruto de vivir confiados en la infinita misericordia de Dios y en los méritos de la Pasión de Cristo que murió y se entregó por mí, nunca en mis obras. ¡No nos salvamos por nuestras obras, sino por la pura misericordia de Dios!

Para bien morir necesitamos la virtud de la paciencia y la conformidad con la voluntad de Dios, aceptando todo lo que él permita en ese momento.

Para tener buena muerte hemos de tener magnanimidad de corazón perdonando a todos los que nos hayan ofendido, como también pidiendo perdón a aquellos que nosotros ofendimos, rogando por ellos y por su salvación.

La buena muerte ha de ir acompañada del agradecimiento a Dios por todos los beneficios que nos ha dispensado en esta vida, tanto materiales como espirituales, así como agradecimiento a todas las personas que nos han amado y cuidado.

No es pequeña la empresa de morir bien, sobre todo porque es la última oportunidad de Satanás para arrebatarnos de la manos de Dios. Por ello, necesitamos contar con el auxilio de Dios, de la Virgen Santísima, de san José, de santo ángel custodio y de los santos.

Realmente es importante en la vida, lo que en la muerte es importante. Y, ¿qué necesitamos en el momento de morir? Materialmente nada. Solamente el amor de los nuestros. ¡Qué muerte buena y dulce, poder morir con un sacerdote a nuestro lado, rodeado de nuestra familia y amigos, contando con su oración, sus sacrificios y su afecto.

La Virgen nos promete asistirnos en hora tan importante. Hagamos los primeros sábados de mes.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 29- Sor María Lucía de Jesús, apóstol del Corazón inmaculado

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



Lucía Dos Santos nació el 22 de marzo de 1907 en Aljustrel, junto a Fátima, Portugal. A la edad de nueve años ayudaba a la economía familiar con sus primos, los beatos Francisco y Jacinta Matos, pastoreando ovejas, como de costumbre en su pueblo. Fue entonces que recibieron la visita de la Virgen en la Cova de Iría. Más tarde, en 1921, Lucía ingresó como religiosa en la Orden de las Hermanas Doroteas. Estuvo con ellas en Tui y Pontevedra, España. En ambas ciudades tuvo importantes visitas de Jesús y de la Virgen. Recibió la Promesa de los Primeros Sábados, la Visión de la Trinidad, la petición de la consagración de Rusia. En 1948 entró en el Carmelo de Santa Teresa en Coimbra, donde profesó sus votos como carmelita en 1949, donde murió en el año 2005 a los 97 años.

Lucía recibió la misión de ser apóstol del Inmaculado Corazón de María. “Tú te quedarás un poco más, ya que Jesús desea que me hagas conocer y amar en la tierra. El también desea que tu establezcas la devoción en el mundo entero a mi Inmaculado Corazón.” –le dijo la Virgen en la aparición del 13 de junio. Podemos preguntarnos cómo cumplió esta misión. No escogió un camino deslumbrante, sino en un vida escondida en Dios, consagrándose en la vida religiosa, en oración y sacrificio.

El rosario era su oración predilecta. Ella misma decía: “No hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario.” “Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas.” “Con el Rosario practicaremos los Santos Mandamientos, aprovecharemos la frecuencia de los Sacramentos, procuraremos cumplir perfectamente nuestros deberes de estado y hacer lo que Dios quiere de cada uno de nosotros.”

Su vida de sacrificio fue continuación de aquel fervor con el que respondió junto con sus primos a la petición del ángel:De todo lo que pudierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores.”

A Sor Lucía se le puede aplicar las palabras de san Luis María Griñon de Montfort acerca de los apóstoles de los últimos tiempos: “Serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminando sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas, sin dar oídos ni escuchar ni temer a ningún mortal por poderoso que sea.”

¡Seamos nosotros también apóstoles del Inmaculado Corazón de María y extendamos su devoción por todas partes!.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 28- Las sagradas imágenes del Inmaculado Corazón

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



La quinta blasfemia que se ha de reparar en los primeros sábados de mes es la de aquellos que profanan las sagradas imágenes. El odio y el desprecio hacia Dios y hacia la Virgen no queda solamente en una pasión desordenada, o en meras actitudes o palabras, sino que normalmente se manifiesta en obras mediante el desprecio, la burla y el maltrato a todo lo que se a ellos se refiere, y muy particularmente a sus imágenes.

El Dios invisible se ha hecho visible, aquel que no puede ser contenido en los cielos se ha hecho hombre, ha tomado nuestro cuerpo, se ha hecho tangible. Dios, en Jesucristo, tiene rostro. Y desde este momento, está justificada la necesidad que tenemos de tener imágenes o representaciones de la persona a la que amamos, sabiendo que no adoramos y veneramos más que a quién esta imagen representa.

¿Cómo hemos de tratar las sagradas imágenes? Son sacramentales, instituidos por la Iglesia como cauces de la gracia, por tanto hemos de tratarlas como signos sagrados, con piedad y devoción. Las imágenes expuestas al culto público o privado deben ser bendecidas, se les honra con incienso, se les alumbra con cirios, se reza delante de ellas. Privilegiadas son las imágenes del Divino Salvador a las que se le rinde culto de adoración, no a la materia con la que están hechas, sino a aquel a quien representan: el mismo Hijo de Dios que nació de la Virgen Inmaculada.

La Virgen nos pide reparación por los sacrilegios contra sus sagradas imágenes. Este es el pecado de aquellos que por odio a Dios destruyen, mutilan, se burlan o juegan con lo sagrado. Pero muchas veces somos nosotros lo que no tratamos debidamente las cosas sagradas: la falta de delicadeza e irreverencia por parte de los sacerdotes y de los fieles. Hemos de reparar con delicadeza y piedad. Profanaciones, sacrilegios y debida reverencia también ante las imágenes impresas o pintadas… Profanaciones o faltas de respeto tan cotidianas como los típicos calendarios de pared o de bolsillo, o las estampas que hemos de intentar quemarlas respetuosamente o sepultarlas en la tierra.

El reparar por los sacrilegios contra las imágenes de la Virgen nos lleva también a pensar en sus imágenes vivas: toda mujer nos recuerda a la Madre de Dios, nueva Eva; particularmente las religiosa consagradas, pero también las madres de familia, las jóvenes y las niñas. Toda falta de respeto contra la mujer y sus derechos es también ofensa a la Madre de Dios. ¡Cuánta vejación de las mujeres en nuestros días con el falso feminismo y la ideología de género!

Reparar por los sacrilegios contra las imágenes de la Virgen nos ha de hacer caer en la cuenta de que la Iglesia es imagen de la Virgen. Cuántas injurias, blasfemias, odio, desprecios e intentos de dañarla y de hundir la barca de Pedro.

Nuestra devoción en el templo y en la oración y nuestra delicadeza en el trato de las cosas santas, así como la debida formación, es una forma muy bella de enseñar a los niños y a los jóvenes el amor a Dios y a la Virgen.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 27- El corazón de la Virgen madre de la infancia y de la juventud

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



Una cuarta blasfemia se no pide reparar en los primeros sábados de mes: la de aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia esta Madre Inmaculada. Parece que es el mismo Satanás el que los mueve.

La Virgen María debe ser amada por todos. Y la razón fundamental es que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo la aman eternamente y con amor infinito. En ella, todo es amable, digno de ser amado, porque es Inmaculada y Santa, llena de gracia, criatura la más excelsa de toda la creación. La Virgen María debe ser amada porque es nuestra madre, abogada, intercesora y auxiliadora. Ella es nuestra mayor benefactora haciendo siempre el bien para nosotros.

Solemos decir que “No hay peor desprecio, que no hacer aprecio.” Así comprendemos como aquellos que no enseñan a amar a la Virgen profieren esta blasfemia tan hiriente al Corazón Inmaculada. Es más, no solo la ignoran, sino que además infunden el desprecio hacia Ella, entregando a los niños y a los jóvenes a un modo de vida mundano, contrario a Dios. Estos pretenden robar a María el amor más puro y entregado de los niños y los jóvenes.

Reparar esta blasfemia es repara el odio, el desprecio, la indiferencia de aquellos que rechazan la fe y moral católica y usan de su autoridad paterna o su relevancia o influencia social para borrar a Dios y a la Virgen de la conciencia de las nuevas generaciones. El descuido y despreocupación de los padres en la educación de los hijos no deja de ser también una espina de dolor en el Inmaculado Corazón de María.

Responsabilidad en este pecado tienen también los pastores de la Iglesia que parece que han cedido ante la presión mundana de enseñar a tiempo y destiempo la verdad del Evangelio, convirtiéndose en perros mudos. Se ha de reparar también los pecados gravísimos contra la infancia y la juventud ante los abusos de todo tipo que se ejercen ante su vulnerabilidad y también de mal ejemplo y escándalo por parte de los adultos.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Dia 25-El corazón de la siempre Virgen

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



La segunda blasfemia es la de aquello que rechazan el dogma de la Virginidad perpetua de la Virgen.

La Iglesia ha confesado siempre la virginidad perpetua de Nuestra Señora pues el Verbo fue concebido en su seno únicamente por el poder del Espíritu Santo
, afirmando también el aspecto corporal de este suceso antes, en y después del parto. La concepción virginal es el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios. La concepción virginal es una obra divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas. Nuestra Señora es a la vez virgen y madre siendo así imagen y la más perfecta realización de la Iglesia.

Han sido muchos los que se han opuesto a lo largo de la historia a la virginidad de Nuestra Señora: no creyentes, judíos y paganos, como también pseudocristianos como los protestantes y modernistas. Su falta de fe y sus dudas en la virginidad de María tienen su raíz en que no conocen verdaderamente a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Nuestro pueblo español y los pueblos hermanos de Hispanoamérica han profesado tal fe a la Virginidad de María, que para referirnos a ella utilizamos la expresión la Virgen, la Santísima Virgen. Tristemente, también los blasfemos utilizan este apelativo para insultarla y proferir sus palabras soeces.

Reparar las blasfemias contra la Virginidad de María, incluye también reparar el gran pecado de soberbia del hombre que se cree dueño absoluto de su propia vida. Por eso, entendemos también dentro de estas blasfemias está los pecados contra la vida, ya en su concepción con el aborto, ya en su final, con la eutanasia.

Reparar las blasfemias contra este dogma de la Virgen implica también todos los pecados de la carne en los que se incluyen, no solo, pero también los pecados de impureza. Hoy día idolatramos el cuerpo por un lado prenda de exhibición, faltando al pudor y a la castidad; y por otro lo maltratamos entregándolo a prácticas dañinas de drogas u otras sustancias, olvidando que somos templo del Espíritu Santo.

Al reparar el Corazón Inmaculado por las blasfemias contra su Virginidad Perpetua reparamos también los pecados de aquellos que piensan que es imposible vivir en gracia, desconfiando así del poder de Dios, desistiendo de la lucha contra el pecado y abandonándose a sus más bajas pasiones. Muchos rechazan este dogma para justificarse en sus pecados de impureza y para no luchar contra la pasión de la lujuria.

Finalmente, reparar estos pecados contra la Virginidad incluye también reparar los pecados de las almas consagradas –sacerdotes y religiosos- y las actitudes de resistencia, dilación o rechazo a responder a la vocación que Dios ha dado: ya sea consagrándose a él ya contrayendo matrimonio y formando una familia.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 26- Reparar el corazón de la Virgen Madre

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



La grandeza de la Virgen María es ser Madre de Dios, privilegio de nuestra Señora unido indisolublemente a la confesión de Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre. Ya desde los tiempos apostólicos hubo herejes que pretendieron arrebatar a María el más esplendoroso de sus títulos. Pero la verdadera disputa surge con el obispo Nestorio que niega la unión hipostática del Verbo Eterno con la humanidad del Salvador. Como consecuencia afirman que la Santísima Virgen es Madre de Cristo hombre, pero no Madre de Dios. El concilio de Éfeso confesará solemnemente esta verdad: "Si alguno no confiesa que Dios es según verdad el Emmanuel, y que por esto, la santa Virgen es Madre de Dios pues dio a luz carnalmente al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema." El protestantismo de Lutero y Calvino aborrecerán también el título de Madre de Dios y preferirán llamarla Madre del Señor.

El título de la Virgen como Madre de Dios - afirmó el Papa Benedicto XVI- “expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.”

Su Maternidad divina se extiende a todos los hermanos de su hijo. Ella es también Madre de su Cuerpo místico, que es la Iglesia. Primeramente madre de todos los bautizados que somos miembros de Cristo. Y en segundo lugar, la Virgen es madre de toda la humanidad, porque su Hijo al hacerse hombre se hermanó con todos los hombres y a todos redimió con su muerte en la cruz; oblación en la que la Virgen se ofreció junto con su Hijo como Corredentora. Nuestra Señora ejerce su maternidad espiritual sobre todos los hombres a través de su intercesión ante su Hijo. Tener a la Virgen María como Madre es un don grandioso. Acoger a María como Madre, -en el lenguaje de san Luis María Grignon de Montfort- es como Jesús hacerse su hijo y esclavo de amor poniendo toda nuestra vida, todo cuanto somos y tenemos en sus manos.

¿Cuáles son las blasfemias contra la maternidad divina y espiritual de la Virgen?
Blasfeman contra la Maternidad divina de María aquellos que le niegan este título expresamente, pero también aquello que no la tratan con la dignidad que tiene. Muchos cristianos tienen miedo o son escépticos o críticos a venerar a la Virgen. No quieren restarle gloria y adoración a Dios, pero no comprenden que Dios ama a la Virgen mucho más de lo que nosotros podremos amarla. También son blasfemias contra la maternidad divina de María todos los pecados contra la vocación de la mujer, a quién Dios ha constituido desde la creación, como madre, fuente de vida. La ideología de género, la moda unisex, la falsa liberación de la mujer, todo el pensamiento utilitarista y la cultura de muerte del aborto y de anticoncepción ofenden a Dios y hieren el corazón inmaculado de María. Comprendamos también como blasfemias los pecados contra el matrimonio, la unidad de familia y el hogar. Son blasfemias contra la maternidad espiritual de la Virgen: el racismo y toda forma de violencia y de desprecio, toda falta de caridad contra el prójimo.
Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 24- El corazón de la Inmaculada

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

***

Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



Nuestro Señor reveló a sor Lucía el motivo de que sean 5 sábados, pues cinco son las blasfemias e injurias principales contra la Virgen. La primera de ellas es contra su Inmaculada Concepción.

El papa Pío IX definió este dogma el 8 de diciembre de 1854 declarando que la Virgen Santísima es “por singular gracia y privilegio del Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original.”

El dogma confiesa que, a parte de la verse libre del pecado original, la Virgen tiene plenitud de gracia por lo que ni siquiera cabe plantearse la cuestión de si tuvo o no algún pecado, por exiguo que pudiera pensarse, «puesto que lleva consigo la dignidad y santidad más grandes después de la de Cristo. (…) Es tan pura y tan santa que no puede concebirse pureza mayor después de la de Dios» -afirmaba el papa Pío XII.

Las razones más claras que la Iglesia ha encontrado para explicar el designio de Dios para hacer a la Virgen Inmaculada son su misión de ser Madre Dios, su íntima unión con Cristo, el amor de Dios a la que había de ser su Madre y la a maternidad divina de María y la necesidad de disponer de una libertad perfecta para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio del Ángel.

Por ser Inmaculada, la Virgen fue inmune de toda imperfección voluntaria, libérrima en todo momento, sujeta al dolor con alma delicadísima y purísima para ofrecerse como hostia pura, santa e inmaculada, con plenitud de gracia desde su concepción y creciente en el trascurso de su vida, siendo siempre “llena de gracia”, sin disminución alguna. Toda esta grandeza no la aleja de nosotros, sino que la hace muy próxima a nosotros por su participación en la misericordia divina.

El cielo pide reparación por las blasfemias contra la Inmaculada Concepción de la Virgen:
reparar por el cisma de los veterocatólicos que se separaron de la Iglesia por la definición de este dogma, reparar los pecados contra la omnipotencia de Dios y poder de Dios que vence las mismas leyes naturales, la falta de fe en los milagros, los pecados de desconfianza en el poder de Dios y su providencia, los pecados de rebelión contra la voluntad de Dios, el desagradecimiento ante los dones naturales y sobrenaturales que nos ha concedido. Reparar el Corazón de la Inmaculada es reparar el amor y apego al pecado de tantas almas que viven ciegas y enfangadas, no buscando la santidad ni practicando las virtudes.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 23- Reparar las blasfemias e ingratitudes contra el Inmaculado Corazón

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes.” Son las palabras de la Virgen a Sor Lucía. El cielo pide reparación por las blasfemias y las ingratitudes.

En sentido estricto la blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento “No tomarás el nombre de Dios en vano.” La blasfemia consiste en proferir contra Dios —interior o exteriormente— palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al respeto en las expresiones, en abusar del nombre de Dios y se extiende a las palabras contra la Virgen Santísima, la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. La blasfemia es contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre. Es de suyo un pecado grave.

Las blasfemias contra el Inmaculado Corazón hemos de considerarlas también en un sentido amplio como todos los pecados y disposiciones contrarios a las verdades y privilegios que la Iglesia cree acerca de la Madre de Dios, pues en ella vemos de modo perfecto y acabado lo que la Iglesia y cada alma está llamada a ser.

La llamada a reparar el Inmaculado Corazón de María por las blasfemias que los hombres ingratos le profieren es acoger el imperativo de Nuestra Señora cuando dijo a los pastorcitos: “No ofendan más a Dios, que ya está muy ofendido.” Por ello, la actitud fundamental de las almas reparadoras es la detestación y el odio al pecado y el amor a la virtud y a la santidad.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 22-Primer Sábado de cada mes

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



La Virgen quiere este acto de reparación en sábado, porque es su día. El sábado es el último día de la semana, el día sagrado para el pueblo judío. En él, Dios descansó de su obra creadora, y este mismo descanso impuso al pueblo elegido. El sábado es el día que da paso y nos lleva al domingo, día de Cristo Resucitado. La Virgen María es la que nos conduce y nos da a Cristo. Ella es la que da paso al primer y octavo día, porque a través de ella vino Cristo a nosotros y a través de ella también entraremos en el octavo día que marca la eternidad. Su promesa así lo declara: “les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.”

Primer sábado de mes, para que todo el mes estemos pendiente de ella y todo quede consagrado por su amor maternal y su protección.

La Virgen quiere que sean cinco sábados seguidos sin interrupción para reparar las principales blasfemias e injurias tal y como Nuestro Señor reveló a sor Lucía: blasfemias e injurias contra su Inmaculada Concepción, contra su Virginidad, contra su Maternidad divina y espiritual, la injuria de aquellos que inculcan en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia Ella y las profanaciones de sus sagradas imágenes.

Sor Lucía estaba continuamente haciendo los primeros sábados de mes ofreciéndolos por la conversión de las almas. Terminaba unos y empezaba otros. Hay tantas almas que salvar, hay tantas almas por las que podemos ofrecerlos: familiares, amigos, personajes públicos... Seguramente nunca se le borró de su mente aquellas palabras que escuchó de niña en la aparición de agosto de 1917: “Orad, orad mucho y haced sacrificios por los pecadores. Son muchas almas las que van al infierno porque no hay quien se sacrifique y rece por ellas”.

¡Sólo en el cielo sabremos el número de almas que hayamos podido ayudar con nuestras oraciones y sacrificios!

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 21- Tú al menos procura consolarme

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



La Virgen tras manifestar su corazón inmaculado rodeado de espinas y explicar que éstas son los pecados con que los hombres ingratos la hieren le dice a Sor Lucía: “Tú procura consolarme y a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.

“Tú al menos procura consolarme”. Ese “tú” es dirigido a Sor Lucía que fue elegida del cielo para esa misión tan particular de ser apóstol del Inmaculado Corazón de María y ser su particular reparadora. ¿Qué belleza y hermosura de alma debería tener Lucía para esta misión tan especial: Ser apóstol y reparadora del Inmaculado Corazón de María? Sin duda alguna, su humildad y su pureza resplandecían en su rostro.

Pero las palabras de la Virgen también están dirigidas a cada uno de nosotros, a los que nos ha llegado también el conocimiento de esta revelación del cielo. El Inmaculado Corazón de María también nos dice a cada uno: “Tú al menos procura consolarme.

Esto no es tergiversar las palabras de la Virgen. ¿Qué es lo que añade a continuación nuestra Señora? “Di a todos.” Es una llamada universal a hacer actos de reparación por los pecados que hieren su Corazón Inmaculado. Llenos de asombro ante esta elección y petición amorosa de la Virgen, ofrezcamos “constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo" “como acto de reparación por los pecados cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores.”

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Día 20- Dios quiere que Rusia y el mundo entero sean consagrados al Inmaculado Corazón de María

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. (3 veces)

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Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo- Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Almay Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferenciascon que Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.



En la aparición del 13 de julio de 1917, nuestra Señora mostró el infierno a los niños, manifestó el deseo divino de establecer la devoción a su Inmaculado Corazón para la salvación de las almas, hizo referencia a las dos guerras mundiales, habló de la prueba y persecución en la Iglesia y le confió el tercer secreto.

Para impedir eso, -dijo la Virgen- vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones de la Iglesia: los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. Al final, mi Inmaculado Corazón triunfara.

El hecho es que, realmente esta consagración de Rusia no se hizo tal y como la Virgen pidió, aunque algunos Papas hicieron consagraciones al Inmaculado Corazón. La consecuencia es que Rusia extendió sus errores al mundo entero.

Entendamos aquí lo que Rusia es y representa. Rusia, con las revoluciones de 1917, es la puesta en práctica del comunismo, doctrina social, política y económica del ateísmo práctico, cuyo dogma fundamental es “Dios-no-existe”. Así, nuestra sociedad actual moderna está establecida sobre este principio. Dios no solamente es ignorado, sino que incluso es combatido. Las leyes de los países modernos no son sólo anticristianas, sino que incluso van en contra de la misma ley natural.

Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará.” Son las palabras de la Virgen después de confiarles el tercer secreto a los niños de Fátima: sufrimientos y calamidades en el mundo, turbación y confusión en la Iglesia, sufrimiento y persecución del Papa y de los cristianos… pero al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará.

A la luz de la revelación, hemos de comprender que este triunfo del Inmaculado Corazón de María vendrá mediante su reinado en las almas sencillas, “en medio del silencio”. Aquellos que sepan acoger a María como Madre y se consagren a su Inmaculado Corazón formarán el ejército de almas de las que Ella se servirá para extender su reinado y preparar la venida definitiva de su Hijo. Sintiéndonos dichosos por haber sido escogidos entre ellos, “amémosla y hagámosla amar” –como decía el Padre Pío.

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)
  • · En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)
  • · En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN 
de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.