Día 1-Jesús se queda con nosotros. La Eucaristía como prueba suprema de amor.


Dios mío, Yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni Te aman (Tres veces).

Señor Jesús, Tú que has vencido a la muerte, resucitando con tu propio poder, te pedimos que nos ampares en nuestros días, tan lleno de peligros, tan llenos de oscuridad.
Sé Tú el Lucero del amanecer, que despunte en nuestras almas, trayéndonos la esplendorosa luz de Dios Trino. Ven, ilumínanos, no nos desampares en este valle de lágrimas.


La Eucaristía es la prueba suprema del amor de Jesús, ya que representa su decisión de permanecer real y tangiblemente con la humanidad hasta el fin de los tiempos, entregándose por completo como alimento. No es un mero símbolo, sino la presencia viva de Cristo —cuerpo, sangre, alma y divinidad— en el Santísimo Sacramento.

La Eucaristía como Prueba de Amor
Entrega Total: Jesús se entrega como alimento para unirse íntimamente a cada persona, cumpliendo su promesa de "estar con nosotros todos los días" (Mt 28,20).
Locura de Amor: Es el mayor regalo que Jesús pudo dar, donde se abajan las fronteras entre el cielo y la tierra para nutrir el espíritu, aliviar el sufrimiento y fortalecer la fe.
Permanencia Real: Como señaló San Pedro Eymard, la Eucaristía es la prueba suprema porque, después de ella, no existe mayor don, más que el cielo mismo.
Sacrificio continuo: Es la actualización del sacrificio de la cruz, donde Cristo se parte y comparte para dar vida eterna.

Jesús se queda con nosotros
La visita al sagrario y la comunión son descritas como encuentros personales de amor mutuo, donde Jesús aguarda en silencio para escuchar y consolar. Al hacerse pan y vino, Él entra en el interior del creyente, buscando una mutua inhesión (vivir el uno en el otro).

Efectos de este Amor
La recepción de la Eucaristía no solo nutre, sino que transforma al creyente:
Aumenta la gracia santificante.
Perdona pecados veniales.
Fomenta la unidad de la Iglesia (sacramento de unidad).
Proporciona fuerzas para enfrentar dificultades y fortalece la fe en momentos de tribulación.




Santo Tomás de Aquino (1224-1274), dominico, ha sido uno de los más grandes devotos y teólogos de la Eucaristía. Según datos históricos, sabemos que era en su comunidad «el primero en levantarse por la noche, e iba a postrarse ante el Santísimo Sacramento. Y cuando tocaban a maitines, antes de que formasen fila los religiosos para ir a coro, se volvía sigilosamente a su celda para que nadie lo notase. El Santísimo Sacramento era su devoción predilecta. Celebraba todos los días, a primera hora de la mañana, y luego oía otra misa o dos, a las que servía con frecuencia» (S. Ramírez, Suma Teológica, BAC 29, Madrid 1957,57).

Él compuso, por encargo del Papa, el maravilloso texto litúrgico del Oficio del Corpus: Pange lingua. La tradición iconográfica suele representarle con el sol de la Eucaristía en el pecho. Un cuadro de Rubens, en el Prado, «la procesión del Santísimo Sacramento», presenta, entre varios santos, a santa Clara con la custodia en una mano, y junto a ella a santo Tomás, explicándole el Misterio. Sobre la tumba de éste, en Toulouse, en la iglesia de san Fermín, una estatua le representa teniendo en la mano derecha el Santísimo Sacramento.


Padre Celestial, te damos gracias por el don de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que prometió estar con nosotros siempre, hasta el final de los tiempos.
Te pedimos que vuelvas a despertar en nosotros el sentimiento de asombro ante Su presencia en la Santísima Eucaristía. Que nuestros corazones ardan cuando nos da a conocer las Escrituras y comparte el pan con nosotros.l
Concédenos que con los ojos de nuestra fe reconozcamos Su presencia en nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los pobres y en los que sufren.
Alimentados por la Eucaristía, envíanos para que caminemos fielmente como discípulos misioneros, proclamando el Evangelio a todos los corazones y extendiendo Tu reino a todas las naciones.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.



Leer y meditar sobre la institución de la Eucaristía (Lucas 22:19-20).