Día 29- Consagración total al Espíritu Santo




Ven Espíritu Santo. Ilumíname para que sepa decir las mejores palabras, esas que puedan hacer bien a los demás. Tómame Espíritu Santo, para que a través de mis gestos se exprese el amor de Jesús y los demás puedan crecer en la amistad que les ofreces.

Dame flexibilidad y apertura, para que me adapte con sencillez a las necesidades de los otros.
Dame un oído atento, para escuchar lo que tú me digas a través de ellos. Fecunda y reaviva los carismas que derramaste en mi vida para cumplir mi misión en el mundo.
Guíame, Espíritu Santo. No dejes que confunda el camino.

Enséñame a discernir, para que no me desgaste cuidando la apariencia o buscando fama. No dejes que ponga mi apoyo en falsas seguridades que me alejan de ti.
Toca mi interior, Espíritu Santo, para que viva de ti, para que me deje llevar por ti donde quieras, como quieras, cuando quieras. Para que mi camino me oriente siempre a ti, para que siempre esté contigo, para que sepa de verdad que sólo en ti está la fuente de la vida.
Gracias, Espíritu Santo, porque puedo participar en la construcción del Reino de Dios, y así puedo crecer en tu amor. Amén


La consagración total al Espíritu Santo es un acto de entrega absoluta de todo el ser—cuerpo, alma, pensamientos y acciones—para ser guiado por su luz y amor, buscando la santificación personal. Implica una docilidad constante a sus inspiraciones, a menudo renovando la gracia bautismal para vivir según su voluntad y no la propia

La « Consagración al Espíritu Santo» es un profundo acto de entrega y dedicación al Espíritu Santo. La oración expresa adoración por los atributos divinos del Espíritu Santo, reconociéndolo como fuente de fortaleza, luz y vida para el alma. Busca la gracia de permanecer fiel al Espíritu Santo, de estar atento a su voz y de seguir sus inspiraciones, implorando su compasión y protección contra el pecado. La oración también invoca la Pasión de Cristo como medio para aferrarse al Espíritu Santo y concluye con una petición de la gracia de estar siempre abiertos y receptivos a la guía del Espíritu Santo.

Ante la multitud de testigos celestiales, me ofrezco, alma y cuerpo, a Ti, Espíritu eterno de Dios. Adoro el resplandor de Tu pureza, la infalible lucidez de Tu justicia y el poder de Tu amor. Tú eres la fuerza y ​​la luz de mi alma; en Ti vivo, me muevo y existo.

Deseo jamás entristecerte con mi infidelidad a Tu gracia, y te ruego de todo corazón que me preserves del más mínimo pecado contra Ti. Hazme fiel en cada uno de mis pensamientos y concédeme que siempre escuche Tu voz, busque Tu luz y siga Tus mis bondadosas inspiraciones. Me aferro a Ti y te suplico, en Tu compasión, que me cuides en mi debilidad.

Sosteniendo los pies traspasados ​​de Jesús, contemplando Sus cinco llagas, confiando en Su Preciosa Sangre y adorando Su costado abierto y Su Corazón herido, te imploro, Espíritu adorable, que me mantengas en Tu gracia para que jamás peque contra Ti.

Concédeme la gracia, oh Espíritu Santo del Padre y del Hijo, de decirte siempre y en todas partes: «Habla, Señor, porque tu siervo escucha».
Amén.


Oración al Espíritu Santo compuesta por san Josemaría en abril de 1934
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad... He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después..., mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.