
Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
«NO TIENEN VINO»: presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»: dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente
«HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR»: que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.
Del Evangelio según San Mateo (Mt 1, 20-23)Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros».
Palabra del Señor / Gloria a ti, Señor Jesús.
“María con su generoso “sí”, permitió que Dios se hiciera cargo de esa historia. José, hombre justo, no dejó que el orgullo, las pasiones y los celos lo arrojaran fuera de esta luz.
(...) La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado. Aún no teniendo toda la información, se decide por la dignidad y vida de María”.
Papa Francisco, misa de la visita pastoral a Villavicencio,
Colombia, el 8 de septiembre de 2017
“LÁGRIMAS AL PIE DE LA CRUZ”
JUAN 16, 22 “También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrará su corazón y su alegría nadie se las podrá quitar”.
MEDITACIÓN “Igual como Jesús lloró, también María ciertamente lloró ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su discreción nos impide medir el abismo de su dolor. [...] “María está hoy en el gozo y la gloria de la Resurrección. Las lágrimas que derramó al pie de la cruz se han transformado en una sonrisa que ya nada podrá extinguir. [...] Quisiera decir humildemente a los que sufren y a los que luchan, y están tentados de dar la espalda a la vida: ¡Vuélvanse a María! En la sonrisa de la Virgen está misteriosamente escondida la fuerza para continuar la lucha contra la enfermedad. También en ella se encuentra la gracia de aceptar, sin miedo ni amargura, el dejar este mundo a la hora que Dios quiera. [...] Esta sonrisa, reflejo de la verdadera ternura de Dios, es fuente de esperanza inquebrantable”.
¿Un acordaos?
Una reunión numerosa con un Obispo de la Iglesia; uno de los asistentes se dirige a él; se ve que le tiene cariño y, como quien está dispuesto a todo, le pregunta:
– ¿Qué quiere que recemos por usted cada día?
El Obispo prefiere hacerse el sordo, pero la insistencia le obliga a contestar:
– «Un acordaos».
Aquél, que estaba dispuesto a cualquier cosa, por difícil que fuese, se sintió como defraudado, pues le parecía poco. El Obispo leyó en la cara de aquel joven su desilusión y añadió:
– ¿Te parece escaso? ¡Qué poco valoras la oración vocal!
Con una sola oración a la Virgen, si tenemos fe, hacemos mucho por quienes queremos. Madre, ayúdame a valorar cada oración. Si llamo por teléfono a un amigo dándole un recado, sé que me ha oído y que, si puede, lo hará. Cada vez que te digo algo, que te rezo un Acordaos, es -¡por lo menos!- como si te llamara por teléfono: Tú me escuchas y me haces caso.
Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído.
Después termina con la oración final.

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén
Te pedimos, Virgen Santa, que aumentes nuestra fe, a ejemplo de tantos mártires que a lo largo del mundo ofrecen su vida por Dios. Por los cristianos perseguidos y por todos los que han sido discriminados por su fe y fidelidad al Señor.
Madre, hoy queremos hacer nuestra invitación que nos dejó Jesús en la cruz, invitándote a vivir en nuestros corazones, familias o comunidades. Que tu presencia nos llene de paz, amor y unidad. R.- Escúchanos, Señor, te rogamos
“Como el discípulo que bajo la cruz acogió a la Madre con él 'como algo propio', tam-bién nosotros invitamos a María a nuestra casa, a nuestro corazón, a nuestra vida”.Pedir perdón a alguien a quien se ha ofendido.


