
Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
«NO TIENEN VINO»: presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»: dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente
«HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR»: que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.
De la Segunda Carta de Pablo a los Corintios (2 Co 4, 16-18)Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día.
Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.
Palabra de Dios/ Te alabamos, Señor.
¿Quién mejor que María como nuestra estrella de esperanza.
Benedicto XVI. Carta Encílcica Spe salvi, 49.
“TESTIMONIO AL EVANGELIO DEL SUFRIMIENTO”
LUCAS 2, 34-35 “Simeón dijo a María, su madre: 'Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma'”.
MEDITACIÓN "Es ante todo consolador notar que al lado de Cristo está siempre su Madre Santísima, por el testimonio ejemplar que con su vida entera da al Evangelio del sufrimiento. Junto con los acon-tecimientos de la vida oculta y pública de su Hijo, indudablemente compartidos por ella con aguda sensibilidad, fue en el Calvario donde su sufrimiento, junto al de Jesús, alcanzó un vértice difícilmente imaginable en su profundidad desde el punto de vista humano, pero ciertamente misterioso y sobrenaturalmente fecundo para los fines de la salvación universal. Su subida al Calvario y su 'estar' a los pies de la cruz junto al discípulo amado, fueron una participación del todo especial en la muerte redentora del Hijo y por otra parte, las palabras que pudo escuchar de sus labios fueron como una entrega solemne de este Evangelio que hay que anunciar a toda la comunidad de creyentes”.
Día 27: ¡Un sólo instante y una María!
En cierta ocasión, cuando estaban rezando por un chaval endemoniado, ocurrió lo siguiente, según cuenta un testigo presencial: que «el demonio multiplicaba sus gritos con más fuerza y confusión, diciendo: «¿Por qué he de salir?», entonces, una religiosa allí presente exclamó con fervor: «¡Santa Madre de Dios, rogad por nosotros! ¡María, Madre de Jesús, venid en ayuda nuestra!». Al oír estas palabras, el espíritu infernal redobló sus horribles alaridos: «¡María! ¡María! ¡Para mí no hay María! No pronunciéis ese nombre, que me hace estremecer. ¡Si hubiese una María para mí, como la hay para vosotros, yo no sería un demonio! Pero para mí no hay María.» Todos los presentes lloraban. Repitió el demonio: «¡Si yo tuviese un solo instante de los muchos que vosotros perdéis! ¡Un sólo instante y una María y yo no sería un demonio!»
¡Qué fuerte! Satanás es un ángel que se separó de Dios; y dice que si tuviera a María no sería demonio. Esto es, porque no contó con Ella ha caído tan bajo. Con qué alegría puedo gritar, en momentos de bajón, de dificultad, de vacas flacas: ¡Tengo a María! Eso es lo importante; lo demás cambia.
Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén
Por nuestra Iglesia, para que comprenda los sufrimientos del mundo de hoy y sirva al único que puede sanar y resucitar sus heridas: Jesucristo.
Señor, te pedimos por quienes viven su fe en medio de la persecución, la incomprensión o viven con miedo, dales fortaleza interior y que María, Madre de la esperanza, los ampare.
Con María, roguemos al Señor / Escúchanos, Señor, te rogamos.
“Alcánzanos la gracia de la fe, de la esperanza y de la caridad, para que también nosotros, como tú, sepamos perseverar bajo la cruz hasta el último suspiro”.Ofrecer las molestias físicas (dolor, cansancio) por la conversión de los pecadores


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