Día 29- La alegría de llevar a Cristo al mundo


Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
«NO TIENEN VINO»: presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»: dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente
«HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR»: que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.

Del Evangelio según San Lucas (Lc 1, 43-44)
¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Palabra de Dios / Te alabamos, Señor.


“Es precisamente el Espíritu quien nos guía.
Él es el autor de la alegría, el creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu nos da la verdadera libertad cristiana. Sin alegría, nosotros, cristianos, no podemos llegar a ser libres. Nos convertimos en esclavos de nuestras tristezas (...) Es precisamente la Virgen quien trae las alegrías. La Iglesia la llama causa de nuestra alegría. ¿Por qué?
Porque trae nuestra alegría más grande, trae a Jesús. Y trayendo a Jesús hace que “este niño salte de alegría en el seno de la Madre”. Ella trae a Jesús. Ella con su oración hace que el Espíritu Santo irrumpa.
Irrumpe ese día de Pentecostés; estaba allí.
Debemos rezar a la Virgen para que al traer a Jesús nos dé la gracia de la alegría, de la libertad; nos dé la gracia de alabar, de hacer oración, de alabanza gratuita, porque Él es digno de alabanza, siempre”.
Papa Francisco, fiesta de la Visitación,
31 de mayo de 2013.

“ESCUCHA Y ORACIÓN”
HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1, 14 “Todos los discípulos perseveraban en la oración con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos”.

MEDITACIÓN “En el Cenáculo, en Jerusalén, en un clima de escucha y oración, María está presente, antes de que se abran de par en par las puertas y ellos comiencen a anunciar a Cristo Señor a todos los pueblos. [...] Venerar a la Madre de Jesús en la Iglesia significa, por consiguiente, aprender de ella a ser comunidad que ora. María nos invita a abrir las dimensiones de la oración, a dirigirse a Dios no sólo en la necesidad y no sólo para pedir por sí mismos, sino también de modo unánime, perseverante y fiel, ‘con un solo corazón y una sola alma’.
[...] María nos enseña la necesidad de la oración y nos indica que sólo con un vínculo constante, íntimo, lleno de amor con su Hijo podemos salir de ‘nuestra casa’, de nosotros mismos, con valentía, para llegar hasta los confines del mundo y anunciar por doquier al Señor Jesús, Salvador del mundo”.
Día 29: Le quitó el casco
Balduino fue el Rey de Bélgica hasta 1994, año en el que muere. Muchos de sus allegados han hablado y escrito acerca de la vida cristiana ejemplar de este Rey. Un buen amigo suyo era el Cardenal Suenens. Escribe esta anécdota. Iban de viaje en coche ellos dos solos.

«La escena tiene lugar en una carretera secundaria del país. El Rey conducía el coche y yo era el único pasajero. Al pasar cerca de la estación de un pueblo, vio una imagen de Nuestra Señora rodeada de un jardincillo de flores, pero alguien había tenido el mal gusto de profanarla poniéndole en la cabeza un casco de punta alemán de la Gran Guerra.

Arriesgándose a que lo reconocieran, frenó en seco y, sin decir palabra, salió del coche, se subió al pedestal y quitó el casco, que tiró en una zanja. Cogió de nuevo el volante sin hacer ningún comentario, como la cosa más natural del mundo. Yo vi en este gesto la actitud de un caballero que no permite que se burlen de su madre y que ignora cualquier tipo de respeto humano que en ese momento pudiera pasársele por la cabeza»

Santa María, que cuando vea algo que pueda no gustarte a ti o a tu hijo, que sepa reaccionar igual que el Rey Balduino. Que no me dé vergüenza comportarme como tu hijo.

Comenta esto con ella un rato.


¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Madre, te encomendamos nuestras familias, nuestros ancianos y enfermos, para que tu Madre sea su consuelo y fortaleza.

Por los misioneros, para que, como María, lleven a Cristo con humildad y alegría, y encuentren corazones abiertos a recibir la Buena Noticia.
Con María, roguemos al Señor / Escúchanos, Señor, te rogamos.
“¿Qué nos da la fe en Dios? Nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica”.
Rezar un Ave María cada vez que se pase frente a una imagen de la Virgen.