Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
«NO TIENEN VINO»: presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»: dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente
«HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR»: que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe. .
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 14)
Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor.
“En Pentecostés, María, los Apóstoles y las demás discípulas y discípulos fueron colmados por un mismo Espíritu, que unió sus diferencias en la única misión del Señor Jesucristo. No eran muchos proyectos distintos, sino una sola misión compartida.
No estaban encerrados en sí mismos ni en actitud combativa, sino que se mostraban abiertos, luminosos, guiados por el Espíritu.
En un mundo herido y sin paz, el Espíritu Santo nos enseña a caminar juntos.
Si dejamos de comportarnos como depredadores y empezamos a vivir como peregrinos, la tierra podrá descansar, la justicia se afirmará, los pobres se alegrarán y la paz volverá. Ya no se trata de avanzar cada uno por su cuenta, sino de armonizar nuestros pasos con los de los demás”.
Papa León XIV, vigilia de Pentecostés,
Ciudad del Vaticano, el 7 de junio de 2025.
“NO TEMAS, NOS DICE MARÍA”
LUCAS 1, 30 “Y el ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”.
MEDITACIÓN-- “‘No temas, María’, le dice [el ángel]. En realidad, había motivo para temer, porque llevar ahora el peso del mundo sobre sí, ser la madre del Hijo de Dios, constituía un gran peso, un peso muy superior a las fuerzas de un ser humano. Pero el ángel le dice: ‘No temas. Sí, tú llevas a Dios, pero Dios te lleva a ti. No temas’. Esta palabra seguramente penetró a fondo en el corazón de María. Nosotros podemos imaginar que en diversas situaciones la Virgen recordaría esta palabra, la volvería a escuchar. [...] ‘No temas’. María nos dice esta palabra también a nosotros. Nuestro mundo actual es un mundo de miedos: miedo a la miseria y a la pobreza, miedo a las enfermedades y a los sufrimientos, miedo a la soledad y a la muerte. En nuestro mundo tenemos un sistema de seguros muy desarrollado: está bien que existan. Pero sabemos que en el momento del sufrimiento profundo, en el momento de la última soledad, de la muerte, ningún seguro podrá protegernos. El único seguro válido en esos momentos es el que nos viene del Señor, que nos dice también a nosotros: ‘No temas, yo estoy siempre contigo’
Nada podrá destruirlo
Luciano Pérez, un gigantesco obrero de la construcción, entró en la iglesia llevando un ramo de flores muy grande, proporcionado a su enorme tamaño. De haberse encontrado en aquellos momentos algún observador en la basílica, quizá se hubiera sorprendido de que Luciano Pérez llevara el ramo con las dos manos y los músculos contraídos, dada la extraordinaria fuerza física que se le atribuía; tanta fuerza tenía, se decía, que le permitía arrojar con facilidad un ladrillo hasta el tercer piso de una casa en construcción. En efecto, le pesaba tanto porque el interior del ramo contenía una pesadísima carga de dinamita.
Luciano Pérez, subió las gradas del altar y depositó a los pies de la Virgen de Guadalupe la ofrenda floral. Se marchó y poco después explotó la potentísima carga de dinamita. El mármol de las gradas del altar quedó hecho añicos, los candelabros y objetos de metal se doblaron y retorcieron como si fueran de goma, todos los cristales se rompieron incluidos los de los edificios vecinos, pero el cristal de la Virgen de Guadalupe ni siquiera se agrietó: «Este hecho -concluyen los expertos- no puede ser explicado científicamente».
¿Por qué Dios quiere estos hechos milagrosos? Para decirnos bien claro que la Virgen existe y que el amor de los cristianos hacia Ella nada podrá destruirlo.
Santa María, ya se ve que Dios tiene interés en dejarnos muy claro a los hombres que Él tiene una predilección grande por Ti. Es incapaz de negarte nada: por algo eres su Madre. Confío en Ti más que en nadie.
Ahora puedes seguir hablando amarla con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído.
¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén
María, recuerda a todos los que experimentan miedo por violencia intrafamiliar, guerras, persecuciones religiosas u otras causas a lo largo del mundo, para que confortados bajo tu mirada maternal, reciban la paz.
“Pidamos a nuestra Madre, la Madre de la Iglesia, que nos dé la valentía de pronunciar este ‘sí’”
Santa María, enséñanos a orar como tú lo
hiciste con los apóstoles, para que el Espíritu Santo sea siempre el que nos inspire en nuestro día a día.
Con María, roguemos al Señor / Escúchanos, Señor, te rogamos.






