Día 26- Sangre de Cristo, esperanza de los que hacen penitencia





Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras
que durante este mes me inspires;
en reparación por tantos desprecios,
ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,
y para que la acción del maligno enemigo
no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor
por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre
acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.




La pasión de nuestro Señor Jesucristo y, particularmente su sangre preciosísima, declaran la gravedad del pecado y la necesidad que todos tenemos de hacer penitencia si queremos alcanzar el perdón de nuestros pecados y la salvación de nuestra alma.

La penitencia cristiana no se entiende simplemente como un ejercicio de autodominio o como desprecio del cuerpo, sino como la respuesta del corazón contrito y humillado que movido por la gracia quiere corresponder al amor misericordioso de Dios que perdona sus pecados. Esta penitencia conlleva un dolor de los pecados y un rechazo firme de ellos, así como el firme propósito de no volver a pecar ayudado y confiando en la gracia de Dios.

La confianza de los penitentes está puesta en la sangre de Cristo. “Por buscarme, te sentaste agotado; por redimirme, sufriste en la cruz, ¡que tanto esfuerzo no sea en vano!” –canta la Iglesia en la secuencia Dies Irae.

La impenitencia es la dureza del corazón y la resistencia a la gracia de la conversión. Es uno de los pecados contra el Espíritu Santo. Su fin es la condenación.



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración de San Gáspar de Búfalo
Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.

Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre
en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.

Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?

Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,
derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!

Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.

Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,
horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos
y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.
R/. Sea por siempre bendita y alabada.


PROPÓSITO:
Agradecer al Señor la institución del Sacramento de la Penitencia y no dejar pasar este día sin ofrecer pequeños sacrificios en reparación por nuestros pecados.
JACULATORIA: Sangre de Cristo, esperanza de los que hacen penitencia, sálvanos.