Día 6- quinta rosa-La cofradía del Rosario

«Oh, Padre misericordioso y Virgen María, madre del amor y de los dolores, pongo en sus manos este momento de reflexión.
Te pido que aquietes mis pensamientos y abras mi corazón. Que las palabras que lea, sirvan para edificación de mi espíritu.
Concede la gracia de entender para encontrar paz en medio del ruido del mundo y llevar tu amor a quienes más lo necesitan. Amén.»
Este mes meditaremos sobre "El secreto admiarable del Santísimo rosario" de San Luis Maria Grignon de Montfort.
QUINTA ROSA-La cofradía del Rosario.

Estrictamente hablando, no hay sino una cofradía del Rosario, compuesto de ciento cincuenta Avemarías. Pero en relación a las personas que lo practican, podemos distinguir tres clases: el Rosario común u ordinario, el Rosario perpetuo y el Rosario cotidiano.
  • La cofradía del Rosario ordinario sólo exige recitarlo una vez por semana.
  • La del Rosario perpetuo, una vez al año.
  • La del Rosario cotidiano, en cambio, rezarlo completo, es decir, las ciento cincuenta Avemarías, todos los días.
Ninguna de estas cofradías implica obligación bajo pecado, ni siquiera venial, si no lo rezamos. Porque el compromiso de rezarlo es totalmente voluntario y de supererogación.
Pero no debe alistarse en la cofradía quien no tenga voluntad decidida de rezarlo, conforme lo exige la cofradía y, siempre que pueda, sin faltar a las obligaciones del propio estado. De suerte que, cuando el rezo del Rosario coincide con una obligación de estado, hay que preferir ésta al Rosario, por santo que éste sea.
Cuando a causa de enfermedades no se le pueda recitar todo o en parte sin agravar el padecimiento, no obliga. Y cuando por legítima obediencia, olvido involuntario o necesidad apremiante, no fue posible rezarlo, no hay pecado ninguno, ni siquiera venial. Y no por ello, dejas de participar en las gracias y méritos de los cofrades del Santo Rosario que lo rezan en todo el mundo.

Y si dejas de rezarlo por pura negligencia, pero sin desprecio formal, absolutamente hablando tampoco pecas. Pero pierdes la participación en las oraciones, buenas obras y méritos de la cofradía. Y por tu negligencia en cosas pequeñas y de supererogación, caerás insensiblemente en la infidelidad a las cosas grandes y de obligación esencial: Quien desprecia lo pequeño, poco a poco se precipita (BenS 19,1).

«Oh Dios, que en tu infinita misericordia, me has permitido adentrarme en el mar de tu amor por medio de ésta reflexión, te doy gracias por ello y te alabo.
Amén.»

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