Día 24- Creer nos hace felices

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
«NO TIENEN VINO»: presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»: dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente
«HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR»: que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.

Del Evangelio según San Lucas (Lc 1, 45)
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.
Palabra del Señor / Gloria a ti, Señor Jesús.



“Escuchemos una vez más las palabras de Isabel, que se completan en el Magníficat de María: ‘Dichosa la que ha creído’. El acto primero y fundamental para transformarse en morada de Dios y encontrar así la felicidad definitiva es creer, es la fe en Dios, en el Dios que se manifestó en Jesucristo y que se nos revela en la palabra divina de la sagrada Escritura. Creer no es añadir una opinión a otras. Y la convicción, la fe en que Dios existe, no es una información como otras.
Muchas informaciones no nos importan si son verdaderas o falsas, pues no cambian nuestra vida. Pero, si Dios no existe, la vida es vacía, el futuro es vacío. Dios existe, todo cambia, la vida es luz, nuestro futuro es luz y tenemos una orientación para saber cómo vivir. (...) Creer no es sólo una forma de pensamiento, una idea; como he dicho, es una acción, una forma de vivir. Creer quiere decir seguir la senda señalada por la palabra de Dios”.
Benedicto XVI, solemnidad de la Asunción de María al cielo
en Castel Gandolfo, Italia, 15 de agosto de 2006

“SU MIRADA NO SE APARTARÁ JAMÁS DE ÉL
JUAN 19, 25 “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María Magdalena”.

MEDITACIÓN "Nadie se ha dedicado con más asiduidad que María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en él ya en la Anuncia-ción. [...] Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una 'mirada interrogadora', como en el episodio de su extravío en el templo: 'Hijo, ¿por qué nos ha hecho esto?; será una 'mirada penetrante', capaz de leer en lo íntimo de Jesús hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentar sus decisiones, como en Caná. Otras veces será una 'mirada dolorida', sobre todo bajo la cruz, [...] donde María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a ella. En la mañana de la Pascua será una 'mirada radiante' por la alegría de la Resurrección y, por fin, será una 'mirada ardorosa' por la. efusión del Espíritu el día de Pentecostés”.
Día 24: «Querida Madre mía»
Ojeando papeles viejos encuentro la fotocopia de una carta que leí no sé dónde. Te la transcribo:
«María: no sé cómo empezar esta carta. Me había hecho muy feliz que con toda sinceridad hubiese podido decir: Querida Madre Mía, pero siento que no alcanzo a decirlo porque no sé si te quiero lo suficiente para ello. El querer a alguien es dar y hacer por el otro «el todo». Yo sé que Tú lo eres todo eso para mí: ¡eres mi Madre!; pero por mi parte no confío lo suficiente, no amo lo suficiente, no me entrego lo suficiente. ¿Será por todo eso por lo que no recibo respuesta a mis peticiones? Diariamente te cuento mis temores, mis inquietudes, mis preocupaciones, incluso mis alegrías, y Tú callas. ( … ). ¿Es, como te decía antes, mi falta de amor y confianza, en definitiva mi falta de fe, la que no me deja entenderte del todo? Yo te espero todos los días. Gracias,.»
¿Puedes tú decirle con sinceridad Querida Madre mía?; ¿Das y haces «el todo» por Ella y por Dios?
Puedes hablarlo con Ella. Lo que no está escrito, es ahora cuando puedes decírselo, comentando el texto que has leído y las preguntas. Después termina con la oración final.

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

María, míranos. Y mira especialmente a tus hijos migrantes y exiliados. Tú que debiste huir a Egipto junto a José y el Niño Jesús, ayúdalos a encontrar mejores condiciones de vida ya sentirte profundamente respetados y acogidos por sus hermanos.
R.- Escúchanos, Señor, te rogamos

Por aquellos que no creen en la vida eterna.
Señor, ayúdalos a seguir el ejemplo de María y que puedan tener esperanza en que tus promesas serán cumplidas.
Con María, roguemos al Señor / Escúchanos, Señor, te rogamos.

“Oh María, tú que has recorrido el camino de la cruz junto con tu Hijo… haz que en el sufrimiento, el rechazo y la prueba, por dura y larga que sea, jamás dudemos de su amor”.
Hacer una buena confesión durante el mes.