Día 20- Dormir en Cristo

 


Cada noche, al irte a dormir, te invitamos a descansar en la gracia y la misericordia de nuestro Señor. Te invitamos a descansar en sus brazos para que te revitalices y renueves. El sueño es una imagen de la oración y, de hecho, puede convertirse en una forma de oración. Descansar es descansar en Dios. Cada latido de tu corazón debe ser una oración a Dios y cada latido de su Corazón debe ser el ritmo de tu descanso (Ver Diario n.° 486).

Oh Jesús, cuando vienes a mi [en] la Santa Comunión, Tu que Te has dignado morar con el Padre y el Espíritu Santo en el pequeño cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento.
Aunque estoy en compañía de otras personas o con las alumnas, mi corazón está siempre unido a Él.
Cuando me duermo, le ofrezco cada latido de mi corazón, cuando me despierto, me sumerjo en Él sin decir una palabra.
Al despertarme, adoro un momento la Santísima Trinidad y le agradezco por haberme ofrecido un día más, que una vez más va a repetirse en mi el misterio de la Encarnación de Su Hijo, que una vez más delante de mis ojos va a repetirse su dolorosa Pasión.
Trato entonces de facilitar a Jesús el paso a través de mí a otras almas. Con Jesús voy a todas partes, su presencia me acompaña en todas partes.
¿Duermes en la presencia de Dios? Reflexiona sobre ello. Al acostarte, ¿oras? ¿Le pides a nuestro Señor que te rodee con su gracia y te abrace con sus brazos tiernos? Dios habló a los santos de antaño a través de sus sueños. Hizo que hombres y mujeres santos descansaran profundamente para restaurarlos y fortalecerlos. Procura invitar a nuestro Señor a tu mente y a tu corazón al acostarte esta noche. Y al despertar, que sea Él el primero a quien saludes. Permite que cada noche de descanso sea un reposo en su Divina Misericordia.

Señor, te doy gracias por el ritmo de cada día. Te doy gracias por acompañarme a lo largo del día y por estar conmigo en mis momentos de descanso. Esta noche te ofrezco mi descanso y mis sueños. Te invito a que me abraces fuerte, para que tu Corazón de Misericordia sea el suave consuelo que alivie mi alma cansada. Jesús, en ti confío.

Orar la Coronilla de la Divina Misericordia


Con un rosario normal