Ven Espíritu Santo. Ilumíname para que sepa decir las mejores palabras, esas que puedan hacer bien a los demás. Tómame Espíritu Santo, para que a través de mis gestos se exprese el amor de Jesús y los demás puedan crecer en la amistad que les ofreces.
Dame flexibilidad y apertura, para que me adapte con sencillez a las necesidades de los otros. Dame un oído atento, para escuchar lo que tú me digas a través de ellos. Fecunda y reaviva los carismas que derramaste en mi vida para cumplir mi misión en el mundo. Guíame, Espíritu Santo. No dejes que confunda el camino.
Enséñame a discernir, para que no me desgaste cuidando la apariencia o buscando fama. No dejes que ponga mi apoyo en falsas seguridades que me alejan de ti. Toca mi interior, Espíritu Santo, para que viva de ti, para que me deje llevar por ti donde quieras, como quieras, cuando quieras. Para que mi camino me oriente siempre a ti, para que siempre esté contigo, para que sepa de verdad que sólo en ti está la fuente de la vida. Gracias, Espíritu Santo, porque puedo participar en la construcción del Reino de Dios, y así puedo crecer en tu amor. Amén
La docilidad a la gracia es una apertura humilde y activa del corazón a la acción del Espíritu Santo, permitiendo ser moldeado por Dios en lugar de resistirse. No es pasividad, sino una respuesta dócil y audaz que transforma la fragilidad en fortaleza, priorizando la voluntad divina sobre los caprichos personales.
Aspectos clave de la docilidad a la gracia:
Apertura y escucha: Implica cultivar el silencio interior y la oración para reconocer la voz de Dios en la vida cotidiana.
Renuncia al orgullo: Requiere superar la soberbia y los propios juicios para aceptar las indicaciones que guían hacia el bien.
Instrumento, no obstáculo: La docilidad permite que Dios actúe a través de la persona, convirtiéndola en un instrumento o "canal" de su amor, según se menciona en.
Resultados: Produce una transformación interior, llevando a la madurez espiritual, la paz y la alegría, incluso en medio de las dificultades.
Virtud de la humildad: Se relaciona con la capacidad de ser enseñado y guiado, reconociendo la necesidad de dirección espiritual y la experiencia de otros.
Esta disposición constante permite que la Gracia (favor inmerecido de Dios) actúe con mayor eficacia, haciendo que la vida espiritual crezca de manera suave y potente.
Oración al Espíritu Santo compuesta por san Josemaría en abril de 1934
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad... He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después..., mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.



.png)