Día 20-Jesús Eucaristía, centro de la vida cristiana



Dios mío, Yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni Te aman (Tres veces).

Señor Jesús, Tú que has vencido a la muerte, resucitando con tu propio poder, te pedimos que nos ampares en nuestros días, tan lleno de peligros, tan llenos de oscuridad.
Sé Tú el Lucero del amanecer, que despunte en nuestras almas, trayéndonos la esplendorosa luz de Dios Trino. Ven, ilumínanos, no nos desampares en este valle de lágrimas.


Jesús Eucaristía es la fuente, centro y cumbre de la vida cristiana, siendo la presencia real de Cristo que alimenta, une y transforma a los creyentes. Como memorial de su sacrificio y resurrección, la Eucaristía nutre espiritualmente al creyente para vivir el amor cristiano y constituye el eje de la Iglesia.

Fuente y Culmen: No es solo un requisito, sino la fuente de la vida divina y la cumbre hacia la que se dirige la actividad de la Iglesia.
Alimento Espiritual: Jesús se ofrece como pan de vida, saciando el hambre de Dios y uniendo más íntimamente a la persona con Él.
Transformación: Transforma la vida del creyente al estilo de Cristo y, según en palabras de Benedicto XVI, la transustanciación inicia la transformación del mundo (el amor sobre la violencia, la justicia sobre la injusticia).
Memorial de Amor: Celebra el sacrificio de la Cruz, siendo el mayor regalo y presencia constante de Jesús en el sagrario y en la Misa.
Vínculo de Unidad: Une a la comunidad de fieles, haciéndolos uno en el Cuerpo de Cristo.

La vivencia eucarística impulsa a los cristianos a salir de la misa para llevar a Jesús al mundo, convirtiendo la vida diaria en un sacrificio de amor.



LA EUCARISTÍA EN LA VIDA DE SANTA TERESA DE LISIEUX

Santa Teresita nos ofrece en sus manuscritos autobiográficos numerosos datos que nos indican la importancia fundamental de la devoción eucarística en su familia y en su vida, tanto de seglar como en el monasterio.
Casi en sus primeras páginas nos recuerda una costumbre arraigada desde su más tierna infancia. Su padre la llevaba cada tarde a hacer la visita al Santísimo: “Todas las tardes iba a dar un paseíto con papá; hacíamos juntos nuestra visita al Santísimo Sacramento, visitando cada día una iglesia distinta” (Ms A 14rº). 

Siendo muy pequeña quiso dar una limosna a un pobre, que no la aceptó. Entonces se propuso rezar por él cuando hiciera su primera comunión, lo que cumplió varios años más tarde: “Recordé haber oído decir que el día de la primera comunión se alcanzaba todo lo que se pedía. Aquel pensamiento me consoló y, aunque todavía no tenía más que seis años, me dije para mí: «el día de mi primera comunión rezaré por mi pobre». Cinco años más tarde cumplí mi promesa” (Ms A 15rº).

Entre sus recuerdos, se destaca luminosamente la participación activa y fervorosa en los actos de culto en honor de Jesús Sacramentado: “Me gustaban, sobre todo, las procesiones del Santísimo. ¡Qué alegría arrojar flores al paso del Señor...! Pero, en vez de dejarlas caer, yo las lanzaba lo más alto que podía, y cuando veía que mis rosas deshojadas tocaban la sagrada custodia, mi felicidad llegaba al colmo” (Ms A 17rº).
 
La asistencia de toda la familia a la Misa dominical es también evocada con sumo afecto (Ms A 17vº). Cuando contaba siete años de edad, escuchaba embelesada las explicaciones que Paulina daba a Celina, como preparación para recibir la Primera Comunión: “Todas las tardes le hablabas del acto tan importante que iba a realizar. Yo escuchaba, ávida de prepararme también, pero muy frecuentemente me decías que me fuera porque era todavía demasiado pequeña. Entonces me ponía muy triste y pensaba que cuatro años no eran demasiados para prepararse a recibir a Dios... El día de la primera comunión de Celina me dejó una impresión parecida a la de la mía... Me parecía que era yo la que iba a hacer la primera comunión. Creo que ese día recibí grandes gracias y lo considero como uno de los más hermosos de mi vida” (Ms A 25rº y vº).

En sus cartas infantiles a la M. María de Gonzaga y a su hermana Paulina (Sor Inés), nos informa de su preparación personal para recibir a Jesús, con un librito confeccionado por la segunda: “¡Qué estampa tan bonita la que trae al principio! Una palomita que ofrece su corazón al Niño Jesús. Pues bien, yo también quiero adornar el mío con todas las lindas flores que encuentre, para ofrecérselo al Niño Jesús el día de mi primera comunión; pues quiero, como se lee en la breve oración que hay al principio del libro, que el Niño Jesús se encuentre tan a gusto en mi corazón, que no piense ya en volverse al cielo...” (Cta. 11).


"Señor Jesús, sé luz en mi mente, paz en mi corazón y sabiduría en mis decisiones"
Amén.



Pedir a Jesús en el sagrario la gracia de la pureza de corazón