Dios mío, Yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni Te aman (Tres veces).
Señor Jesús, Tú que has vencido a la muerte, resucitando con tu propio poder, te pedimos que nos ampares en nuestros días, tan lleno de peligros, tan llenos de oscuridad.
Sé Tú el Lucero del amanecer, que despunte en nuestras almas, trayéndonos la esplendorosa luz de Dios Trino. Ven, ilumínanos, no nos desampares en este valle de lágrimas.
Esta afirmación refleja una verdad fundamental de la fe católica: la Eucaristía es el sacramento de la unidad que transforma a los fieles en una sola familia en Dios. Al recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no solo se fortalece la unión personal con Él, sino que también se profundiza el lazo fraterno con los demás miembros de la Iglesia.
Comunión en un mismo Cuerpo: San Pablo enseña que, al compartir el mismo pan, formamos un solo Cuerpo, ya que todos participamos de ese único pan.
Fuente de Caridad Fraterna: La Eucaristía impulsa a los fieles a amar a los demás, especialmente a los débiles, pobres y enfermos, convirtiendo el amor recibido en actos de servicio.
Reunidos como Familia: La Misa congrega a personas sin distinción, superando divisiones y creando fraternidad alrededor de la misma mesa.
Solidaridad Cristiana: La comunión con el Cuerpo de Cristo compromete a vivir en solidaridad con los hermanos necesitados.
En resumen, la Eucaristía nos hace presencia de Cristo en el mundo, invitándonos a vivir la comunión y a reconocer a Jesús en cada hermano.
San Ignacio de Loyola tuvo una devoción mística y profunda por la Eucaristía, considerándola el centro vital de la vida cristiana, la presencia real de Jesús y la fuente de fuerza apostólica. Experimentó visiones sobre la presencia de Cristo en la hostia, celebraba misa diariamente con profunda emoción y fomentó su adoración, convirtiéndola en un pilar de la espiritualidad jesuita.
Aspectos clave de la relación de San Ignacio con la Eucaristía:
Experiencia Mística: En Manresa, tuvo una visión espiritual durante la consagración, donde vio "rayos blancos" y entendió con el entendimiento cómo Jesús estaba presente en el Santísimo Sacramento.
Celebración y Devoción: Ignacio preparaba la misa con esmero la víspera y pasaba hasta dos horas en acción de gracias después de celebrarla. Experimentaba grandes consolaciones y veía en ella la acción de la Trinidad.
Fomento de la Comunión: Como fundador de la Compañía de Jesús, promovió intensamente la frecuente comunión entre los fieles.
Adoración Eucarística: Veía la Eucaristía como Cristo "verdaderamente presente" que alimenta y fortalece. Fomentó la devoción al Santísimo Sacramento, incluso comunicando gracias papales para la Cofradía del Santísimo Sacramento.
Eucaristía y Misión: Para Ignacio, la Eucaristía no era solo un ritual, sino la fuente para discernir la voluntad de Dios y tomar decisiones importantes para la orden.
"Señor Jesús, sé luz en mi mente, paz en mi corazón y sabiduría en mis decisiones"
Amén.
Ofrecer la Misa dominical por la paz mundial






