Dios mío, Yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni Te aman (Tres veces).
Señor Jesús, Tú que has vencido a la muerte, resucitando con tu propio poder, te pedimos que nos ampares en nuestros días, tan lleno de peligros, tan llenos de oscuridad.
Sé Tú el Lucero del amanecer, que despunte en nuestras almas, trayéndonos la esplendorosa luz de Dios Trino. Ven, ilumínanos, no nos desampares en este valle de lágrimas.
Jesús es considerado la fuente fundamental de fuerza para vivir el perdón y la caridad, transformando el corazón humano para amar incluso en situaciones difíciles. La caridad, entendida como amor sobrenatural, se infunde en el alma y capacita para vencer el mal con el bien.
Fuerza para el Perdón
Prioridad central: El perdón es el núcleo de la enseñanza y ministerio de Jesús.
Actitud del corazón: No significa ignorar el daño, sino tener una postura interna de reconciliación hacia quien ofende.
Recibir para dar: La capacidad de perdonar surge tras recibir primero el amor, la compasión y el perdón de Jesús, especialmente contemplado en su sacrificio en la cruz.
Oración y Gracia: La fuerza para perdonar, incluyendo rezar por quienes hacen daño, se pide y se recibe de Jesús, renovando el corazón.
No poner límites: El perdón de Jesús es ilimitado y nos invita a imitar esa misma generosidad.
Caridad y Amor al Prójimo
Mandamiento: Jesús establece como mandamiento amarse los unos a los otros como Él ha amado, lo cual implica la capacidad de dar la vida por los amigos.
Testimonio cristiano: La caridad es la marca distintiva de los seguidores de Cristo, encendida por su amor en los corazones.
Transformación interior: La verdadera caridad no es solo buen sentimiento, sino una transformación que capacita para obrar el bien.
Acción concreta: Se manifiesta en la ternura, la bondad y la eliminación de la amargura, la ira y la venganza.
El Papel de la Fe y la Oración
Para obtener esta fuerza, se invita a orar con la energía del corazón, reconociendo la necesidad de la gracia de Dios. La unión con Jesús (a través de la Eucaristía y la oración) renueva los sentimientos santos e impulsa a cumplir la voluntad divina
Este es uno de los milagros más conocidos de san Antonio. Una vez, encontrándose en Rimini, el santo trató de convertir a un hereje. Discutían sobre la real presencia de Jesús en la Eucaristía.
El hereje, llamado Bonvillo, lanza el desafío al fraile afirmando: si tú, Antonio, lograras probar con un milagro que en la Comunión de los creyentes está, velado, el verdadero cuerpo de Cristo, yo renunciaré a cada herejía y abrazaré sin demora la fe católica.
Antonio acepta el desafío convencido de conseguirlo todo de Dios, por la conversión del hereje.
Entonces Bonfillo, dice:
«Yo tendré encerrada mi mula por tres días privándola de comida. A los tres días, la sacaré ante la presencia del pueblo y le dejaré el heno listo para que coma. Tú mientras tanto estarás por el otro lado con aquello que afirmas ser el cuerpo de Cristo. Si el animal incluso hambriento rechaza el alimento y adora a tu Dios yo creeré sinceramente en la fe de la Iglesia».
Antonio rezó y ayunó todos los tres días. El día establecido, la plaza estaba repleta de gente, todos a la espera de ver quién ganaba la disputa.
Antonio celebró la misa delante de la muchedumbre y luego con suma reverencia acercó el cuerpo de Cristo ante la mula hambrienta y al mismo tiempo Bonfillo le enseñó el heno.
Entonces san Antonio ordenó al animal:
«En virtud y en nombre del Creador, que yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo, oh animal, y te ordeno que te acerques rápidamente con humildad y le presentes la debida veneración, para que los malvados herejes comprendan de este gesto claramente que todas las criaturas están sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar».
El santo ni siquiera había acabado estas palabras cuando el animal, dejando a un lado el heno, inclinándose y bajando la cabeza, se acercó arrodillándose delante de la Eucaristía.
Una gran alegría contagió a los fieles y el hereje renegó de su doctrina en presencia de toda la gente y se convirtió a la fe católica.
"Señor Jesús, sé luz en mi mente, paz en mi corazón y sabiduría en mis decisiones"
Amén.
Dar gracias por los pecados perdonados en la confesión para comulgar mejor






