Día 27- El sagrario, refugio seguro en las tentaciones




Dios mío, Yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni Te aman (Tres veces).

Señor Jesús, Tú que has vencido a la muerte, resucitando con tu propio poder, te pedimos que nos ampares en nuestros días, tan lleno de peligros, tan llenos de oscuridad.
Sé Tú el Lucero del amanecer, que despunte en nuestras almas, trayéndonos la esplendorosa luz de Dios Trino. Ven, ilumínanos, no nos desampares en este valle de lágrimas.


El sagrario, conocido también como tabernáculo, es considerado en la tradición católica como el lugar sagrado donde se reserva la Eucaristía, representando la presencia real de Jesús y actuando como un refugio espiritual seguro, especialmente durante momentos de tribulación y tentación.

Refugio en la Tribulación y Tentación: Ante las dificultades diarias y las tentaciones del mundo, el sagrario ofrece consuelo y tranquilidad. Se describe como una "casita" donde Jesús espera en silencio para escuchar, amar y fortalecer al fiel. Encuentro Personal: Es un espacio para el encuentro cara a cara con Jesús Sacramentado, donde la debilidad humana se abraza con la misericordia divina.
Protección Espiritual: Se busca el refugio en el costado sagrado de Jesús, encontrado en el sagrario, como defensa contra las tentaciones y los asaltos espirituales.
Lugar Destacado: Según el Código de Derecho Canónico, el sagrario debe colocarse en un lugar de la iglesia u oratorio que sea noble, destacado, debidamente adornado y propicio para la oración.
Oración y Adoración: Ante el sagrario, los fieles ofrecen pensamientos, palabras y obras para vencer las inclinaciones al mal y cultivar virtudes. Es un lugar para pedir la gracia de evitar malas compañías y situaciones que puedan robar la inocencia.

La devoción eucarística, especialmente los jueves eucarísticos, subraya el valor de pasar tiempo en adoración ante el sagrario como fuente de fortaleza espiritual.


San Luis María Griñón de Monfort y la Eucaristía

San Luis María Griñón de Montfort (1673-1716) promovió una profunda devoción eucarística centrada en la unión con María para recibir a Jesús. Su espiritualidad, basada en "a Jesús por María", integraba la Eucaristía frecuente y ferviente como el máximo acto de unión, componiendo cantos eucarísticos y enseñando a comulgar pidiendo a la Virgen que preparara el alma.

Comunión en unión con María: En su Tratado de la Verdadera Devoción, propone comulgar poniendo el corazón en manos de María, para que ella, al haber recibido a Jesús, lo haga fructificar en el fiel.
Devoción personal: Como seminarista y sacerdote, era conocido por su fervor en la Eucaristía, llegando a pasar horas en adoración ininterrumpida.
Cantos Eucarísticos: Escribió cánticos dedicados a la Eucaristía, destacando "Mi corazón te busca una y mil veces", utilizado en sus misiones populares.
Enseñanza: Insistía en que la devoción a María no disminuye la adoración a Cristo, sino que es el medio más seguro para amarlo y recibirlo mejor, uniendo la espiritualidad mariana con la centralidad eucarística.

Su enfoque buscaba la comunión perfecta, nutriendo el alma con el "pan de vida" a través de la mediación materna de la Virgen María


"Señor Jesús, sé luz en mi mente, paz en mi corazón y sabiduría en mis decisiones"
Amén.



Hacer un compromiso de ir a Misa entre semana si es posible