Día 5- Madre de la unidad




Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
«NO TIENEN VINO»: presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»: dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente
«HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR»: que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe. .


Del Evangelio según San Juan (Jn 17, 21)
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú meenviaste. 
Palabra del Señor / Gloria y honor a ti, Señor Jesús.




“La unidad por la que Jesús ora es, por tanto, una comunión fundada en el mismo amor con que Dios ama, de donde provienen la vida y la salvación. Y como tal, es ante todo un don que Jesús trae consigo. Apenasnacemos, necesitamos de los demás para vivir; solos no lo hubiéramos logrado. Se lo debemos a alguien más, que nos salvó, se hizo cargo de nosotros. (...) Es cierto que, a veces, esta humanidad se ve traicionada. Por ejemplo, cuando se invoca la libertad no para dar vida, sino para quitarla; no para proteger, sino para herir. 
Sin embargo, incluso frente al mal que divide y mata, Jesús sigue orando al Padre por nosotros, y su oración actúa como un bálsamo sobre nuestras heridas, convirtiéndose en anuncio de perdón y reconciliación para todos”.
Papa León XIV, misa del Jubileo de las familias,
Ciudad del Vaticano, el 1 de junio de 2025.

“CORAZÓN QUE ESCUCHA Y GUARDA LA PALABRA”
LUCAS 8, 15 “Y lo que cayó en tierra buena son los que oyen la palabra con un corazón bueno y generoso, la conservan y dan fruto mediante la perseverancia”.

MEDITACIÓN “En la parábola el sembrador, Jesús explica el significado de la tierra buena: 'Son los que escuchan la Palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia' . La mención del corazón noble y generoso, que escucha y guarda la Palabra, es un retrato implícito de la fe de la Virgen María, que conservaba en su corazón todo lo que escuchaba y veía, de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Señor es perfecto ícono de la fe, como dice santa Isabel: 'Bienaventurada la que ha creído'3 en la Madre de Jesús, la fe ha dado su mejor fruto, y cuando nuestra vida espiritual da f ruto nos llenamos de alegría, que es el signo más evidente de la grandeza de la fe”.

Día 5: ¡Yo lo he cumplido!
«Yo sí he visto milagros -escribía un sacerdote, Urteaga-. Fíate de mí. Hazme caso. Reza a la Virgen». Y cuenta uno de los milagros que ha visto.
«Me encontraba en Madrid. Acababa de ordenarme sacerdote. Tenía 26 años. Era un atardecer a la hora de terminar el trabajo.
– Te llaman por teléfono -me dijeron.

Una voz masculina, un tanto nerviosa , explicaba la razón de la llamada:
– Mire, tengo un amigo que se encuentra muy mal, puede morir en cualquier instante. Me pide que le llame a usted porque quiere confesarse. (…) No, no le conoce, pero quiere que sea usted. (Nunca he entendido por qué.) ¿Puede venir a esta casa?
– Salgo para allá en este momento.

– (Me interrumpió) Mire, el asunto no es tan fácil. Me explicaré. El piso está lleno de familiares y amigos que no dejarán que un sacerdote católico entre en esta casa; pero yo me encargo de facilitar su entrada.

– Pues allá voy, amigo. Dentro de un cuarto de hora estoy ahí: lo que tarde el autobús.

El piso era muy grande, lo estoy viendo ahora que describo la situación. La puerta entreabierta, un pasillo largo. Entro decidido después de encomendarme a la Virgen para que facilitase el encuentro. Rumores de voces en las habitaciones contiguas; algunas personas que me miran con gesto de asombro. Con un breve saludo me dirijo a la habitación que estimo puede ser la del enfermo. Efectivamente lo es.
– ¿Le han dejado entrar?
– He visto caras de susto y gestos feos; pero ha podido más la Virgen nuestra Señora.
– Gracias. No tengo mucho tiempo (el enfermo jadeaba). Quiero confesarme.
– (Cogí mi crucifijo, lo besé.). Comienza, Dios te escucha…

Yo muy emocionado. El hombre (era un personaje importante), también. Apliqué mis oídos a sus labios porque apenas se le oía. La confesión… larga, muy larga.
– …Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Al terminar -pocos minutos le quedaban de vida- quiso explicarme «su» milagro. Lo hizo fatigosamente. Se lo agradecí con toda el alma.
– He estado cuarenta años ausente de la Iglesia. Y usted se preguntará por qué he llamado a un sacerdote.
Él lo decía todo. Yo callaba.
– Mi madre, al morir, nos reunió a los hermanos… Mirad. No os dejo nada. Nada tengo. Pero cumplid este testamento que os doy: Rezad todas las noches tres avemarías. Y yo (¡cómo lloraba el pobre!), yo lo he cumplido, ¿sabe?, lo he cumplido.
Se moría mientras cantaba. A mí me pareció todo aquello un cántico: «Yo lo he cumplido, yo lo he cumplido».
Por cansado que esté, Santa María, por burradas que haya hecho, por lejos que me encuentre de Dios, jamás dejaré de rezarte las tres Avemarías, por la noche, de rodillas. Porque si un día o una temporada estoy siendo mal hijo tuyo, no cabe en ninguna cabeza que por esa vayas a ser Tú mala madre. Y, además, cuando peor estoy, más necesito tenerte cerca. Ángel de mi guarda, encárgate tú de recordármelo, gracias.



¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Intercede, Madre nuestra, por la unidadde los cristianos para que vivamos en hermandad y concordia de acuerdo con las enseñanzas de Tu hijo y siempre bajo tu guía maternal.
Santa María, mujer de trabajo abnegado y silencioso, recuerda a todos los trabajadores, especialmente por quienes viven momentos de dificultad.
María, mujer de la escucha, haz que se abran nuestros oídos; que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las millas de palabras de este mundo”



Leer la vida de un santo que haya tenido gran devoción mariana.