Sábado 5a. semana Pascua- ¡Te serviré, te seré fiel!

Pedir la gracia de la alegría pascual
Señor Jesús Resucitado, me regocijo en tu victoria sobre el pecado y la muerte. Al comenzar este día, te alabo y te glorifico, porque has llenado el mundo de esperanza. Ilumina mi corazón con la luz de tu Resurrección y dame la valentía para ser testigo de tu amor en mi familia, trabajo y comunidad. Que tu resurrección sea mi fuerza hoy. Amén

Evangelio
Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.
Acuérdense de lo que les dije: 'El siervo no es superior a su señor'. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió".

Hemos escuchado estos días a Jesús instruyendo a sus discípulos sobre el mandato del amor fraterno: ellos deben seguir el ejemplo que Él les ha dado, ejemplo que servirá para que el mundo conozca y acoja a Jesús y su mensaje salvador. Pero también les advierte de una fuerza contraria a ese amor, el odio, presente en el mundo. Jesús ha sido blanco de ese odio, y lo serán también sus discípulos. Pero no deben extrañarse ni atemorizarse. La persecución no es señal de maldición ni motivo para claudicar, más bien al contrario. Ya les había dicho el Maestro: “Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mateo 5,11).

El mundo, creado bueno por las manos amorosas de Dios, ha sufrido el influjo del maligno y de nuestros pecados y parece abocado al abismo. Pero por encima de todo, está la doctrina salvadora de Cristo: si los discípulos la proclaman fielmente, el mundo abandonará el camino del odio a su Creador y se salvará. Nos llenan de esperanza las palabras de Jesús a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Juan 3,16-17).

Ciertamente, como escribía San Josemaría, “el "non serviam" de Satanás ha sido demasiado fecundo”. Pero “–¿No sientes el impulso generoso de decir cada día, con voluntad de oración y de obras, un "serviam" –¡te serviré, te seré fiel!– que supere en fecundidad a aquel clamor de rebeldía?” (Camino, 413). Jesús nos invita a ser testigos suyos en medio del mundo, firmes en la fe, en la esperanza y en el amor. Y si en algún momento experimentamos rechazo al mensaje del Evangelio, recordemos las palabras del Maestro: “no es el siervo más que su señor”, y su firme promesa: “Al que venza le daré a comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2,7).


Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén."

Acción:
«Hoy regalaré tiempo para escuchar a alguien que lo necesita»