Día 12-Los dos horizontes y la medida del amor


+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Espíritu Santo, ilumina nuestro entendimiento, para que al leer o estudiar la Sagrada Escritura, sintamos la presencia de Dios Padre que se manifiesta a través de tu Palabra.

Abre nuestro corazón para darnos cuenta del querer de Dios y la manera de hacerlo realidad en nuestras acciones de cada día. Instrúyenos en tus sendas para que, teniendo en cuenta tu Palabra, seamos signos de tu presencia en el mundo. Amén.
Mateo 22,37-39 – «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y al prójimo como a ti mismo.»
El mandamiento del amor a Dios y al prójimo en Mateo 22:37-39 es la brújula y el resumen de toda la vida cristiana.
Los dos horizontes del amor
El amor vertical (a Dios): Implica entregar toda la persona —corazón, alma y mente— al Creador. No se trata de un cumplimiento frío de normas, sino de una relación viva y de adoración genuina que reconoce que Él es la fuente de todo bien.
El amor horizontal (al prójimo): Es inseparable del primero. Jesús aclara que el segundo mandamiento es semejante al primero: el amor a Dios se verifica y se hace visible en el trato cotidiano con los hermanos.
La medida del amor
Como a ti mismo: El amor al prójimo toma como espejo el sano cuidado y la dignidad que Dios mismo nos otorga. Quien no se reconoce amado por Dios maltrata su propia alma y difícilmente puede ofrecer un amor auténtico a los demás.
En obras y hechos: Amar no se reduce a sentimientos pasajeros o palabras vacías; exige gestos concretos de generosidad, perdón, justicia y compasión, especialmente con el necesitado.

«De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas» (Mt 22,40). Todo mandamiento o norma religiosa encuentra su sentido pleno únicamente cuando se vive bajo la dinámica del amor.

Gracias, Señor, porque al leer y estudiar tu Palabra nos invitas a seguirte con fidelidad. Tu mensaje ha dejado huella en nuestra mente y en nuestro corazón.

Fortalecidos por tu luz nos disponemos a hacer realidad cuanto tu Espíritu nos ha hecho comprender. Ahora, Señor, estamos preparados para vivir según tu voluntad.

Que tu Santa Madre, la Virgen María, Madre también de todos nosotros, sea nuestra estrella y guía en la misión de anunciar hasta el fin de los siglos la Buena Nueva a toda la creación.
Amén..

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