Día 13-La paciencia y consolación de las Escrituras


+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Espíritu Santo, ilumina nuestro entendimiento, para que al leer o estudiar la Sagrada Escritura, sintamos la presencia de Dios Padre que se manifiesta a través de tu Palabra.

Abre nuestro corazón para darnos cuenta del querer de Dios y la manera de hacerlo realidad en nuestras acciones de cada día. Instrúyenos en tus sendas para que, teniendo en cuenta tu Palabra, seamos signos de tu presencia en el mundo. Amén.
(Romanos 15:4)– «Todas las cosas que ya están escritas fueron escritas para nuestra enseñanza, con el fin de que mantengamos la esperanza mediante la paciencia y la consolación de las Escrituras»
El versículo de Romanos 15:4 nos enseña que todo lo escrito en la Sagrada Escritura tiene como fin darnos enseñanza, paciencia, consuelo y esperanza en nuestro caminar diario.

La Palabra como guía: El apóstol Pablo nos recuerda que la Biblia no es un libro antiguo sin vida, sino una fuente activa de instrucción divina. Las historias y enseñanzas del pasado nos muestran cómo Dios ha actuado siempre con amor.

Paciencia y consuelo: En los momentos de prueba, la lectura meditada de la Palabra nos regala la fortaleza (paciencia) para soportar el sufrimiento y el alivio (consuelo) del amor de Dios.

El ancla de la esperanza: La paciencia y el consuelo no nos dejan vacíos; trabajan juntos para encender en nosotros la esperanza. Esta esperanza cristiana se fundamenta en la certeza de que Dios cumple sus promesas y camina a nuestro lado

La enseñanza es clara: se trata de vivir la caridad con los mismos sentimientos de Cristo Jesús (cfr Flp 2,5-8), hasta amar a los demás como los ama Él (cfr Jn 13,34-35; 15,12-13; 1 Jn 3,15; 4,11; Ef 5,1-2), sin excluir a nadie: «Mirad constantemente a Jesús que, sin dejar de ser Dios, se humilló tomando forma de siervo para poder servirnos, porque sólo en esa misma dirección se abren los afanes que merecen la pena.

El amor busca la unión, identificarse con la persona amada: y, al unirnos a Cristo, nos atraerá el ansia de secundar su vida de entrega, de amor inmensurable, de sacrificio hasta la muerte. Cristo nos sitúa ante el dilema definitivo: o consumir la propia existencia de una forma egoísta y solitaria, o dedicarse con todas las fuerzas a una tarea de servicio»


(S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 236).

Gracias, Señor, porque al leer y estudiar tu Palabra nos invitas a seguirte con fidelidad. Tu mensaje ha dejado huella en nuestra mente y en nuestro corazón.

Fortalecidos por tu luz nos disponemos a hacer realidad cuanto tu Espíritu nos ha hecho comprender. Ahora, Señor, estamos preparados para vivir según tu voluntad.

Que tu Santa Madre, la Virgen María, Madre también de todos nosotros, sea nuestra estrella y guía en la misión de anunciar hasta el fin de los siglos la Buena Nueva a toda la creación.
Amén..

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