Día 7-Renovar nuestra mente para distinguir la voluntad de Dios

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Espíritu Santo, ilumina nuestro entendimiento, para que al leer o estudiar la Sagrada Escritura, sintamos la presencia de Dios Padre que se manifiesta a través de tu Palabra.

Abre nuestro corazón para darnos cuenta del querer de Dios y la manera de hacerlo realidad en nuestras acciones de cada día. Instrúyenos en tus sendas para que, teniendo en cuenta tu Palabra, seamos signos de tu presencia en el mundo. Amén.
Romanos 12,2 – «No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.»
¿Cómo lograr entender los pensamientos de Dios al crearnos con libre albedrío? ¿Para qué y por qué? Preguntas que sin duda no tienen una respuesta exacta ¿verdad? Lo cierto es que estamos dotados de inteligencia y con la libertad de poder elegir entre el camino del bien que nos lleva a la vida eterna o el camino errado que nos conduce a la perdición.

Sin embargo, por la eterna misericordia de Dios, si hemos perdido el rumbo, siempre podemos enmendar nuestros pasos y volver a la senda correcta, simplemente dejándonos transformar por el Espíritu Santo. Es la tercera persona de la santísima trinidad, aquella presencia o acción de Dios, el poder de Dios que nos guía y nos conduce, nos diviniza, nos vuelve seres completamente nuevos, mueve nuestra alma hacia la humildad, hacia el perdón, hacia el amor por nuestro prójimo; en definitiva… nos transforma.

“Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.” (Romanos 12,2)

El Espíritu Santo hace realidad en nuestra vida las actitudes, opciones e ideales de Jesús, poniéndonos al servicio del Reino de Dios. Se trata de vivir en lo cotidiano preguntándonos, ¿qué haría Cristo en mi lugar? Nos vamos transformando en “otro Cristo” por gracia del Espíritu Santo que irradia a los demás la alegría de ser discípulo de Jesús. Esta transformación exige acoger con humildad la acción del Espíritu Santo en nosotros, pues es Él quien nos configura como Jesús y nos va transformando para ser y vivir como Él.
Sólo avanzando por el camino de la conversión y la renovación por el estrecho sendero de Dios es como el Pueblo de Dios puede extender el Reino de Cristo” (CEC 853).

Gracias, Señor, porque al leer y estudiar tu Palabra nos invitas a seguirte con fidelidad. Tu mensaje ha dejado huella en nuestra mente y en nuestro corazón.

Fortalecidos por tu luz nos disponemos a hacer realidad cuanto tu Espíritu nos ha hecho comprender. Ahora, Señor, estamos preparados para vivir según tu voluntad.

Que tu Santa Madre, la Virgen María, Madre también de todos nosotros, sea nuestra estrella y guía en la misión de anunciar hasta el fin de los siglos la Buena Nueva a toda la creación.
Amén..

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